Un mecanismo transparente para la Justicia y la Paz

Los encuentros del oficialismo con representantes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con la presencia de invitados de Unasur y del Nuncio Apostólico como testigos, puso fin a la posición inflexible con la que durante 15 años  tanto el Poder Ejecutivo como los directivos de la Asamblea Nacional se negaron a un diálogo político con la oposición.

Si bien este es un paso importante, no es suficiente, ya que el procedimiento está plagado de asimetrías, contradicciones y la inexistencia de reglas claras como amerita una negociación. No se puede hacer depender los resultados del “dialogo”, simplemente en la voluntad unilateral del presidente Maduro, quien en definitiva es el que acepta o rechaza las propuestas.

El Gobierno lo denominó  “Dialogo con Justicia para la Paz”. Pero de qué “justicia” estamos hablando si paralelamente el Gobierno en pocas horas inhabilita a alcaldes electos como el de San Cristóbal y San Diego, comete el atropello de desaforar a la diputada María Corina Machado por simple decisión de Diosdado Cabello; o detiene injustamente a Leopoldo Lopez? De qué “paz” estamos hablando cuando los agentes del Estado arremeten contra los estudiantes, los torturan y los humillan?

Si el Gobierno aplicara realmente los conceptos de justicia y paz en su verdadera dimensión, al aplicar una u otra, perdería el poder totalitario que ostenta, además de que durante el “diálogo” reafirmaron una frontera clara: “no volverán”. Es por ello que para crear las condiciones de una solución política, hace falta  un verdadero buen oficiante, aceptado por ambas partes, que pueda orientar los pasos hacia una solución real y no aceptar solo a los “invitados” del Gobierno como testigos.

El lugar de una negociación compleja debe ser neutral. En la mayoría de los casos se realiza fuera del país. En todo caso, es inaceptable que el “diálogo” se haga en Miraflores, centro del Poder donde están todos los símbolos de la hegemonía oficial.

Identificar los sujetos del diálogo es fundamental. La ausencia en la mesa del “diálogo”  de los interlocutores más representativos de la protesta ciudadana es incompresible. Como se puede negociar en nombre de los manifestantes si no están los dirigentes estudiantiles, ni Leopoldo López, ni María Corina Machado, ni Antonio Ledezma, ni ONGs como Foro Penal que han denunciado las violaciones de lesa humanidad? Como se puede negociar si Maduro se niega a discutir el tema de la amnistía para los presos políticos? Como se puede incorporar al líder de los Tupamaros y negarse a discutir el tema de los paramilitares armados ni ofrecer frenar la  brutal represión contra los jóvenes manifestantes con  más de 40 muertos, centenares de torturados y millares de detenidos? Son temas ineludibles.

Para poder avanzar es necesario que se defina claramente la agenda, las condiciones de negociación, la participación de un tercero como mediador conforme a las prácticas internacionales existentes; con la incorporación de todos los interlocutores; exigir el cese de la represión y finalmente, tratar a fondo las razones del actual colapso económico, social, democrático, político y ético al que nos ha arrastrado el binomio Chávez-Maduro, que es la razón de la protesta de millones de venezolanos que han tomado la calle.

Fuente imagen: Archivo

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