Situaciones incómodas cuando empiezas una relación

Crédito de imágenes: Corbis//
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Como se suele decir, la confianza da asco. Sin embargo, donde todavía no la hay la cosa cambia. Así que cuando empezamos a salir con una persona nos toca pasar unos cuantos malos ratos en los que desearíamos que la tierra nos tragase.

Llamarle por otro nombre

Esta es una escena tan típica de las películas de Hollywood que nos pensamos que nunca jamás nos va a pasar a nosotros. Porque vamos a ver, el nombre de esa persona que nos hace ’tilín’ no es algo que se nos olvide fácilmente. Sin embargo, no sabemos explicar muy bien por qué, a todos nos pasa alguna vez en la vida. Si tú nunca te has visto en una de estas, no cantes victoria, porque en algún momento te pasará.

Claro, cuando estás en esa situación, ¿qué haces?, ¿cómo le explicas a la otra persona que no sabes por qué te has confundido, sin conseguir que le entre el bajón? Desde luego, es muy difícil, así que buena suerte. Y mejor no hablamos de cuando este lapsus lo tenemos en la cama, porque aquí sí que se puede desencadenar un auténtico drama.

Ver o hablar de los ex

Dichosos ex, que no nos libramos de ellos ni cuando creemos que estamos pasando página. Y es que, cuando empiezas a tener más confianza con esa persona especial con la que te piensas que por fin vas a olvidar tu anterior relación, llega un punto que se interesa por tu vida amorosa pasada.

Aunque es lo más normal del mundo que esto termine pasando, a ti no te hace ninguna gracia tener que sacar el pasado a relucir (a pesar de que tú serás todo oídos cuando la situación se dé a la inversa).

Si todo esto es incómodo, peor aún es cuando en lugar de tener que hablar de algún/a ex, nos topamos con ell@s directamente, mientras vamos con nuestra nueva pareja. Ahí se te suele quedar cara de imbécil mientras piensas lo más rápido posible cómo hacer las presentaciones de la manera menos incómoda posible.

Expresar tus sentimientos y que la otra persona se quede en blanco

Llevas ya unos meses saliendo con alguien y a ti se te ocurre la feliz idea de abrir tu corazón y expresarle a la otra persona lo que significa para ti y lo bien que te sientes estando a su lado. Te armas de valor y te atreves a sacar tu lado más cursi esperando ser correspondido. Sin embargo, en las nuevas parejas es habitual que este último punto falle y el destinatario de la bonita declaración se quede completamente en blanco.

Y ya si nos liamos la manta a la cabeza y se nos ocurre decir ‘te quiero’, pero la otra persona se queda completamente muda, estaríamos hablando del número uno de los momentos ‘tierra trágame’. Otra situación muy de película que, por desgracia, también es habitual que ocurra en la vida real.

Ponerte ropa interior de abuela/o cuando vas a quedar

Cuando empezamos a salir con alguien y sabemos que ese día vamos a vernos siempre nos ponemos nuestra ropa interior más sexy. Es una de las normas básicas en esto de las relaciones. Pero como en todo, las normas están para romperlas, y llega un día que uno de los dos se olvida de este pequeño detalle y se pone lo primero que saca del cajón.

La cita puede ir perfecta pero, como el encuentro acabe en la cama… mal vamos. Total, que a la persona que se le haya ocurrido presentarse con la ropa interior que parece de su abuel@, terminará perdiendo puntos y deberá currárselo el doble para la siguiente cita.

Dormir juntos es todo un reto

Cuando llevas mucho tiempo con tu pareja eso del romanticismo te da un poco más igual. No importa que cuando duermen juntos no estén abrazaditos todo el tiempo, y puedes usar la pijama más fea que tengas (que siempre es la más cómoda) porque él o ella no te va a decir nada.

Sin embargo, la cosa cambia, y mucho, cuando la relación está empezando. En este caso, no queremos estar despegados de la otra persona ni un solo segundo, así que nos ‘apretujamos’ tanto que nos sobra la mitad de la cama. Que sí, que esto sobre el papel es muy bonito, pero llevarlo a la práctica es muy complicado. No queremos que nos tachen de ser una persona insensible o poco romántica, nos callamos y hacemos como si nada, aunque al día siguiente nuestra espalda lo note.

Encontrarte a tu pareja en el baño

Este será, sin duda, un momento importante en la relación. Puede sonar a broma, pero no lo es en absoluto. Porque aquí, lo quieras o no, es cuando definitivamente se rompe la magia que rodea los comienzos de toda relación de pareja.

Llegará un momento en que uno de los dos pasará sin llamar a la puerta mientras la otra persona está en el baño, pensando que solo se está lavando los dientes o en la ducha. Pero no, para desgracia, no estaba haciendo nada de eso. Es normal que de un poco de corte, ¡pero en algún momento tenía que pasar!

Haber descuidado tu imagen

Cuando estás solter@ y sin compromiso, lo de descuidarte un poquito tiene un pase. Da igual que no te hayas depilado o que vayas con unas greñas que no son normales porque llevas un mes retrasando tu cita en la peluquería, pero cuando estás empezando a salir con alguien, ¿cómo se te ocurre ir por la vida de cualquier manera, insensat@? Porque luego llegarás a la cita y te entrarán remordimientos al ver que la otra persona se ha arreglado y tú no.

Olvidar su cumpleaños

Lo de olvidar fechas señaladas, como por ejemplo los aniversarios, es un clásico en eso de destruir relaciones. Vale que si estás empezando con tu pareja, del aniversario no te puedes olvidar. A no ser que sean de esos empalagosos que se empeñan en celebrar por todo lo alto cada mes. Pero ese no es el caso. De lo que sí te puedes olvidar es de su cumpleaños (si tienes la suerte o la desgracia de que sea al poco tiempo de haberse conocido).

Como se te pase felicitarle o comprarle un detallito se puede armar un buen lío, y puede que hasta incluso te eche en cara que no le escuchas cuando te habla. Porque sí, seguramente que un par de semanas antes te lo dejó caer para ver si serías capaz de recordarlo.

Que te regale algo que no te gusta

Si eres afortunad@ y no se han olvidado de tu cumpleaños, o simplemente ha decidido tener un detalle contigo, puedes enfrentarte a un momento más incómodo aún: que te regale algo que no te gusta en absoluto. Y es que uno de los riesgos de las nuevas parejas es ese, porque sin duda no conoces del todo bien sus gustos.

Conocer a su familia

Esta la dejamos para la última, porque no suele ocurrir hasta que la cosa se pone un poco más seria. Pero eso sí, llegados a ese punto, de ese mal rato no se libra nadie.

Conocerás a su familia de oídas, por las cosas que te haya ido contando, así que ya te puedes hacer una idea de lo que te vas a encontrar. Aun así, cuando llegue el momento de la verdad te van a entrar los nervios y vas a buscar cualquier excusa para librarte de ir.

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