Parque nacional panameño y sus habitantes buscan proteger a jaguar amenazado

Un parque nacional panameño y sus comunidades autóctonas promueven la protección del llamado jaguar del Chagres, un felino que consideran amenazado por la cacería y la ampliación de las áreas de cultivo en la zona, aledaña a la capital y al Canal de Panamá.

Desde la publicación hoy de un libro infantil que narra a modo de fábula cómo vive el jaguar y qué lo pone en peligro, hasta la venta de las huellas del felino, de al menos 15 centímetros, para recolectar fondos, forman parte de las iniciativas impulsadas por la Fundación Parque Nacional Chagres y los habitantes de comunidades autóctonas como Quebrada Ancha.

“El jaguar en el Parque Nacional Chagres es objeto de conservación porque está en peligro de extinción, principalmente por la extensión de las fronteras agrícolas por la cacería”, aseguró hoy a Efe la directora ejecutiva de esa reserva, Rosa María Guerra.

Esa situación y otros detalles sobre el felino, el de mayor tamaño en América y que se puede encontrar desde el norte de México hasta el norte de Argentina, la recoge el cuento “Onca ¡El jaguar del Chagres en aprietos!”, lanzado este lunes por la Fundación Parque Nacional Chagres con el apoyo de la multinacional Tetra Pak.

En el libro, de 16 páginas, un niño de etnia autóctona Emberá llamado Anconé narra las aventuras para sobrevivir de Onca, un joven jaguar que vive en el parque natural panameño.

Al ampliarse la actividad agropecuaria en la zona, explicó la directora Guerra, el jaguar “ataca el ganado y el ganadero lo que hace es matarlo”.

Por ahora, aclaró la funcionaria, no existen estadísticas sobre cuántos jaguares habitan o se mueven por las 129.585 hectáreas del parque, creado en 1985 y que se extiende en parte de las provincias de Panamá, que incluye la capital del país, y Colón.

Precisar datos sobre la población del felino en el parque es muy complejo porque es un animal que se mueve mucho, pero es un hecho que “antes las comunidades lo veían más seguido en el sitio y eso ya casi no ocurre”, argumentó la directora.

“También está el incremento de la cacería, en un periódico (local) salió recientemente que mataron un jaguar en Cerro Azul”, que limita con el Parque Nacional Chagres y se ubica a unos 52 kilómetros al este de la capital panameña, añadió Guerra.

Explicó que ahora se aplica “un monitoreo con cámaras trampa” como parte de un estudio de la Sociedad Mastozoológica de Panamá, que ha permitido confirmar que ejemplares identificados en Chagres, en la costa Atlántica, también se han visto en el Parque Nacional Santa Fe, en las tierras altas de la cordillera central del país.

El jaguar, perteneciente al género pantera y que puede pesar hasta 100 kilos y medir hasta 183 centímetros de largo, tiene unas manchas características en su piel que son como las huellas dactilares humanas, que los hacen únicos, resaltó la directora.

“Tenemos que procurar que el jaguar encuentre las presas que busca para alimentarse”, como son los venados, conejos, tortugas, algunas aves y peces, “porque una vez rompas esa cadena está en peligro porque va a ir a las comunidades, atacar a las vacas o los perros, como es la experiencia de la comunidad de Quebrada Ancha, y la gente lo va a matar”, alertó Guerra.

El miembro de Quebrada Ancha Agustín Núñez reconoció en declaraciones a Efe que el felino ataca a “las vacas, terneros, caballos y perros” de las comunidades porque el hombre “caza los animales que el jaguar come, como los venados y los conejos”.

“Hay que buscar cómo protegerlos (a los jaguares) para que no los maten, buscar pequeños fondos para que las personas” que se ven afectadas” porque el felino “les comió un ternero” se vean compensados, dijo Núñez.

Y una forma que ha encontrado la comunidad Quebrada Ancha es recolectar las gigantescas huellas de los jaguares para venderlas a los turistas, y con los fondos recolectados pagar a los dueños de animales afectados por el felino para evitar que los cacen.

“Hace casi dos años comenzamos a trabajar con las huellas (…) las sacamos con calma, vamos escarbando en la tierra para no dañarlas, las bañamos con yeso y sacamos una huella preciosa y original” que es vendida a los turistas en 50 dólares, dijo Núñez.

Las réplicas de la huella original se venden en 10 dólares, y ambas versiones se pueden encontrar en las tiendas de artesanía de la comunidad Quebrada Ancha, añadió.

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