Nigeria vota en la presidencial más reñida de su historia

Crédito de imágenes: EFE
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Dos colegios electorales fueron atacados en el noreste del país, en sendos ataques de hombres armados. Los lugareños los atribuyeron a los islamistas de Boko Haram, que prometieron hacer fracasar la cita electoral y obligaron a postergarla seis semanas.

“Hemos oído a los atacantes gritar: ‘¿No les dijimos que se mantuvieran lejos de las elecciones?'”, dijo un responsable local de la Comisión Electoral tras los ataques en Birin Bolawa y Birin Fulani.

Los comicios presidenciales y legislativos, a los que están convocados 68,8 millones de electores, del total de 173 millones con que cuenta el país, empezaron con retrasos en algunos lugares, porque no llegaban ni el personal ni el material.

En esta ocasión se emplea un novedoso método de acreditación, por el que el elector presenta una tarjeta biométrica que ha de ser reconocida por una máquina.

El procedimiento estaba dando algunos problemas. El propio presidente saliente, Goodluck Jonathan, no pudo acreditarse de esta forma y tuvo que hacerlo manualmente, al ir a votar en su ciudad natal, Otuoke (sur).

Su principal opositor, el ex general Muhammadu Buhari, no tuvo problemas para votar en su feudo de Daura, en el estado de Katsina, donde las calles estaban decoradas con escobas de paja, el símbolo del cambio del Congreso Progresista (APC, opositor).

Buhari, que gobernó Nigeria a mitad de los años 80 al frente de una junta militar, promete combatir la corrupción y la inseguridad con firmeza, aunque asegura ser “un convertido a la democracia”.

El Partido Democrático Popular (PDP) de Jonathan está en el poder desde el final de las dictaduras militares y el regreso a la democracia en 1999. Pero en esta ocasión podría perder ante una oposición más fuerte y unida que nunca.
Catorce candidatos concurren a la elección presidencial. En las legislativas, 2.537 candidatos de 28 partidos compiten por los 469 escaños del Parlamento.

Los resultados se esperan en 48 horas desde el cierre de los colegios.

En la capital Abuya, las opiniones eran diversas en el mercado que hay frente a la estación de autobuses de Nyanya, blanco de dos atentados el año pasado.

Esther Anthony, de 23 años, opina que “hay que votar por nuestro presidente, porque siempre estuvo ahí por nosotros. Ha hecho lo que ha podido”.

Abdullahi Usman Chitta Michika, un agente inmobiliario de 31 años, no está de acuerdo. “Estamos hartos de tantas bombas, de la inseguridad, los secuestros. Todo eso es culpa de la negligencia del presidente”.

“Los partidos han llevado a cabo una campaña vergonzosa. Tanto odio, ataques étnicos y personales (…) no tiene precedentes”, estima por otro lado el presidente de la comisión nigeriana de derechos humanos, Chidi Odinkalu.

La sombra de los islamistas

Bajo el mandato de Goodluck Jonathan, Nigeria se ha convertido en la primera potencia económica de África. Sin embargo, la caída de los precios del petróleo preocupa mucho en el mayor productor del continente.

A nivel de seguridad, el ejército nigeriano anunció el viernes que recuperó el feudo islamista de Gwoza, y presume de haber destruido el califato proclamado por Boko Haram, como parte de una ofensiva militar efectuada en los dos últimos meses con ayuda de países vecinos.

No obstante, es improbable que las victorias recientes contra Boko Haram, aliado del grupo Estado Islámico, borren de la memoria de los electores la falta de reactividad del presidente frente al auge yihadista.

Desde 2009, la insurrección de Boko Haram y su represión han causado más de 13.000 muertos y 1,5 millones de desplazados.

Las autoridades han desplegado un importante dispositivo de seguridad en el país, y han invitado a la población a limitar sus movimientos.

 

Fuente: EFE / MG

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