Michelena pintó el asesinato de Sucre en Berruecos

Crédito de imágenes: Archivo
mariscal-sucre

Por Juan José Peralta

El pintor valenciano Arturo Michelena dejó para la historia en 1895 el lienzo con su visión plástica del crimen imperdonable del Gran Mariscal, a quien señalaban como heredero de Simón Bolívar, “Asesinato de Sucre en Berruecos”. El héroe de Pichincha es considerado uno de los próceres más completos de la independencia sudamericana.

Michelena, nacido en la capital carabobeña el 16 de junio de 1863, murió en Caracas el 29 de julio de 1898 cuando contaba 35 años, afectado de la tuberculosis adquirida en su estancia en París.

Nacido en Cumaná el 3 de febrero de 1795 –hace 220 años– y muerto en las montañas de Berruecos el 4 de junio de 1830, curiosamente también de 35 años Antonio José de Sucre era hijo de una acomodada familia de tradición militar, los aristócratas el coronel Vicente de Sucre y García y doña María Manuela de Alcalá.

En 1810 se incorporó a las tropas del generalísimo Francisco de Miranda y desde 1813 combatió junto a Mariño, Piar, Bermúdez y Bolívar y en 1825 promovió el nacimiento de Bolivia, de la cual fue presidente hasta 1828. De regreso a la Gran Colombia, acompañó de nuevo a Bolívar y fue encargado de la dirección de la campaña contra Perú y al ganar la batalla de Tarquí en 1829 consiguió del ejército peruano su retiro de tierra grancolombiana.

El crimen contra Sucre era un rumor y hasta circuló la frase que señalaba al general José María Obando como el autor. “Puede que Obando haga con Sucre lo que no hicimos con Bolívar…”. El asesinato fue planificado y ejecutado en las montañas de Berruecos, cerca de Nariño, en Colombia con premeditación, cobardía, alevosía y ventaja.

Allí permaneció su cadáver por más de 24 horas hasta que pobladores de las localidades cercanas le dieran sepultura. No tenía escape. Si el mariscal se hubiese ido por Buenaventura, lo esperaba el general Pedro Murgueitio; si optaba por la vía de Panamá lo acechaba el general Tomás Herrera y desde Neiva lo vigilaba el general José Hilario López.

El Libertador, exclamó: “¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel!… La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida”.

“Pienso que la mira de este crimen ha sido privar a la patria de un sucesor mío”, concluyó.

Te interesaría

Lo más leído

Indicadores

SimadiBs.199,84
SicadBs.13,50
CencoexBs.6,30
EuroBs.7,46
Bono Soberano$93.292016
Bono Pdvsa$77.142016
Texas$40,89
Brent$44,18
Venezuela$34,46
Opep$38,45

Globovisión Radio