Los peligros del pragmatismo

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Por:  Juan Romero

La carta del ex Ministro de Planificación, Jorge Giordani, revivió un debate clásico dentro del PSUV, relacionado a la existencia de tenencias que no necesariamente son ideológicas. Es bueno señalar que esas tendencias ya existían, desde los inicios mismos del MVR y que solo fueron contenidos producto del liderazgo e inteligencia de Hugo Chávez. Su desaparición física, ha significado no sólo un golpe emocional para quienes se declaran bolivarianos sino un reto en términos organizacionales.

Con frecuencia hemos leído que existe un enfrentamiento interno entre los pragmáticos y los socialistas. No obstante, creemos que es simplista, pues la discusión es mayor. Es cierto, que los pragmáticos que asumen la política como negociación, como acuerdos, como modus vivendi han expresado claramente sus posturas,a través de Temír Porras, señalando tácitamente una claudicación del carácter anti-capitalista del proyecto bolivariano.

Debe incluirse también a quienes tienen una perspectiva ortodoxa sobre el socialismo, que apuntan a repetir los errores cometidos por el modelo cubano y soviético, que insisten en un núcleo duro de decisión, que asume para sí la representatividad simbólica del legado de Chávez. Pero que solo defienden una visión personalista y utilitaria. Por otro lado, están los que militando en el campo ideológico de la izquierda histórica insisten en un debate sobre la toma de medidas anti-capitalistas, de sostenimiento del carácter estratégico anti-imperialista del proyecto bolivariano, que proponen el fortalecimiento del poder popular como un mecanismo esencial para la superación de las nociones territoriales –y jerárquicas- del poder. Esa discusión es la única verdaderamente ideológica, todas las demás (pragmática y ortodoxa) responden a un discurso de poder, en un sentido liberal.

Esto es particularmente delicado, tomando en consideración los factores internos y externos que actúan presionando la continuidad y profundización del carácter anti-capitalista del proyecto bolivariano. A nivel interno, no solo ejercen presión las tendencias centrífugas que perviven en el PSUV y que se solaparon durante el gobierno de Chávez y que pretenden actuar con total displicencia. A ello se suma, quienes en la oposición aprovechan estos errores y debilidades para gritar “el fracaso del socialismo bolivariano” y apostar por un retorno a las formas conciliadoras de la democracia populista de los 70-80 y 90 del pasado siglo XX.

Internamente, los factores de una revolución bolivariana, popular y anti-capitalista deben luchar no sólo contra el adversario de derecha o socialdemócrata sino también contra el que coexiste en la estructura interna del partido y que busca mantener espacios de poder.

Externamente la situación no es más favorable. La muerte de Chávez se tradujo en una ofensiva comunicacional y política de la economía-mundo y sus intereses en contra de Venezuela, aprovechando las dificultades económicas y la asfixia política a la que se está sometiendo al país. Lo único que ha logrado medianamente detener esta ofensiva ha sido las relaciones construidas por una nueva geometría de poder regional impulsada por el propio Chávez (UNASUR; CELAC, ALBA-TCP, MERCSOSUR). Lo peor es que esta situación crítica se da en el contexto de la convocatoria del Congreso Ideológico del PSUV, donde la tendencia ideológica (anti-capitalista) se está confrontando con las tendencias pragmática y ortodoxa. El resultado de esta confrontación determinará la continuidad o no, la profundización o no del proyecto bolivariano y su característica anti-capitalista y anti-imperialista. Lo que hemos visto hasta ahora no es particularmente esperanzador, sobre todo sí en el resto del país se reproduce lo que ocurre en el Zulia. Hemos notado como las tendencias pragmáticas han penetrado y controlado los espacios de organización de la estructura del PSUV. Es notorio como se ha dado una claudicación a los lineamientos del Libro Rojo, en lo que respecta al debate crítico y auto-crítico para ser sustituido con una complacencia silenciosa con los intereses pragmáticos en torno al Gobierno Regional.

Es preocupante la situación, por el carácter estratégico del Zulia, la importancia geopolítica pero sobre todo por el mantenimiento de un regionalismo secesionista, que no ha sido desmontado por el Gobernador, que en teoría no sólo es militante del proyecto bolivariano sino además Vice-presidente del PSUV. En el PSUV Zulia se ha filtrado un esquema de poder, que no representa al proyecto bolivariano sino que responde a intereses económicos y personales, ligados a la economía-mundo. Quisiéramos que la respuesta no fuera tan tardía como ocurrió en Lara, con el Gobernador Henry Falcón, que empleo la estructura del PSUV en su beneficio y luego – en una jugada tránsfuga- le dio la espalda al propio Chávez, pues la gravedad de esa acción para la integridad territorial del país es significativa. Insistimos en advertir, que a pesar de la formalidad de las declaraciones a favor del Gobierno de Maduro, subyace en lo interno la ejecución de acciones que propenden a la concreción de un proyecto político personal y permeado de las lógicas de utilidad liberal.

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