Las diferentes formas de liquidar mujeres

Crédito de imágenes: corbis
caracas

Por Macky Arenas / @mackyarenas

En el primer semestre del 2015 suman 78 mujeres asesinadas solo en Caracas. Pero el gobierno anda detrás de la paridad de género en una nueva intentona demagógica de cara al proceso electoral. Y ya veremos cómo se puede asesinar mujeres de muy diversas maneras.

Toda pretensión de combate a la discriminación -pretendiendo ofrecer ventajas a la mujer- es un disfraz para ocultar la verdadera intención, cual es mantenerla en un limbo donde dependen de las prebendas. El lugar de la mujer está donde su capacidad le permita estar, ni más ni menos.

La fulana “paridad” de género en las listas electorales es una aberración y debe ser repudiada por inadmisible, ante todo, por las propias mujeres. También por todo político que aspire representar un liderazgo moderno, una alternativa renovadora en este país. No se debe tolerar jamás semejante burla. Es una burda utilización de la mujer con fines politiqueros. Es la venta al mejor postor de lo que en justicia debía ser una conquista por méritos. Un chantaje de la peor especie.

Las mujeres no deben aceptar estar en el gobierno por aliadas, sino por competentes. Hoy, a las claras se ve que están por fichas de la revolución, razón por la cual su desempeño es realmente pobre y medra en las trastiendas aunque se muestren en los cargos y titilen en las marquesinas. Las mujeres jamás deben aceptar esa sutil y grosera forma de apartheid político que significa embutirlas en las listas a cargos de representación popular por el solo hecho de pertenecer al sexo femenino. Es degradante. Más intolerable el que lo acepten; luego de ello, todo otro jamaqueo será sin aviso y sin protesto. Lo cual habrán aceptado.

En esto la revolución no es muy original. Exhibe como novedad lo que copia al calco de un pasado bochornoso no superado. Reminiscencias de los viejos partidos. En las organizaciones políticas de la democracia siempre existió ese “apartado”, aquél compartimiento estanco llamado los burós y frentes femeninos que siempre mantenían a la mujer en unas especies de “reservaciones”, como aquellos cotos cerrados donde los EEUU confinaban a los indios que iban quedando. El líder se ganaba unos puntos si imponía un porcentaje de presencia femenina en las planchas. Hoy, siguen aplicando la misma y la gente picando el anzuelo: que la lucha por el acceso de la mujer a las posiciones en la sociedad pasa por su sexo y no por lo que tenga en la cabeza. No es exactamente acoso pero podríamos llamarlo, por ejemplo, gravamen sexual por aquello de “ciertas condiciones aplican”.

Más vale que el gobierno se ocupe de la escandalosa cifra que alcanzan los asesinatos de mujeres; o de la escasez que se la pone de bombita a la especulación de ese Frankenstein llamado bachaquero, que abusa sin que nadie lo detenga, obligándolas a colas interminables y exprimir el bolsillo si quieren conseguir lo esencial para sus hogares.

Una forma más perversa de humillarlas es la mal llamada paridad de género. Infeliz iniciativa, copia de lo más desacertado y pobre de la política quinta-republicana. Eso sí, compiten en mediocridad quienes la proponen tanto como aquellas que la aceptan.

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