La recuperación de lo obvio

Crédito de imágenes: José Carvajal//
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Por José Carvajal / @caracasapie

En nuestra ciudad (¿el país?) hemos naturalizado de tal manera las anormalidades, el “medalagana” como estandarte, el desafuero como tarjeta de presentación, que cualquier pelea que se planteen los ciudadanos, e inclusive algunas autoridades bien intencionadas, para recuperar una convivencia sana pasa por la recuperación a toda costa de un “mínimo común”. ç

Pasa, aunque suene ridículo, por la recuperación de lo obvio. Esto vale para muchas áreas de la vida cotidiana, pero me encargaré de hacer una breve lista relacionada con el tema que trabajo: la movilidad y en particular la peatonal.

Es obvio que una acera debe ser un espacio por el que pueden circular varias personas a la vez, en diversos sentidos, e inclusive algunos de ellos detenerse a conversar, a contemplar, a intercambiar. Eso requiere un ancho mínimo (nunca de menos de 1:60 mts) y unas características básicas: nivelada, sin obstáculos, con pendiente lateral suave. Es obvio que si está debidamente arbolada, la caminata será infinitamente más placentera. Y si es de noche, estar iluminada, no sólo por seguridad sino porque obviamente vemos mejor en la noche con un poco más de luz.

Es obvio, además, que la acera no es un espacio para vehículos (es obvio porque así es en la inmensa mayoría de las ciudades serias del mundo y porque, obviamente, nuestras normas así lo determinan). Pero, a pesar tanta obviedad, las autoridades no hacen cumplir esta norma e inclusive con frecuencia directamente la violan (¿quién no ha visto a un policía, a un escolta, a un servidor público, estacionado en la acera?).

Si las alcaldías tienen bajo su responsabilidad velar porque estas normas se cumplan en sus predios locales, es obvio que sus máximas autoridades, los alcaldes, son los garantes de que estas se cumplan. De no ser así, es obvio que los alcaldes estarían incumpliendo sus obligaciones y se estarían haciendo cómplices de estas violaciones o, como mínimo, actuando con negligencia por no sincerar la norma: si no la harán cumplir al menos deberían atreverse a plantear en cabildo nuevas ordenanzas para convertir oficialmente las aceras en estacionamientos.

Es obvio que los rayados peatonales deben mantenerse siempre despejados, no sólo que no se estacionen vehículos automotores, sino que a la hora de pasar el semáforo los conductores nunca deberían quedarse varados sobre estos (obviamente eso está penado). Es obvio que en las esquinas debería haber rampas de acceso para peatones, para facilitar sobre la entrada y salida de la calzada de personas en sillas de ruedas, cochecitos, o facilitarle la cosa a quienes no tienen la edad ni la fuerza suficiente para subirse a la acera.

Es obvio, entonces, que las aceras deberían tener una altura máxima, pero también una mínima para que no se “mimeticen” con la calzada. De hecho, es obvio que las rampas en aceras de acceso a estacionamientos no deben estar a ras del asfalto, sino al menos 5 o 10 centímetros por encima, para que los conductores se sientan obligados a frenar antes de entrar en el sagrado reino del peatón. Y es obvio que debe haber un límite de velocidad en las vías: 40 kph en avenidas (así lo vemos marcado en la Francisco de Miranda), y esto puede bajar hasta 15 kph alrededor de zonas escolares.

Es obvio que los rayados peatonales que no tienen semáforo indican que si un peatón desea cruzar, los conductores deben detenerse para darle paso. Es tan obvio que hasta la ley lo señala. Y es obvio que todos los conductores que infrinjan estas y otras normas deberían estar penados, ser multados. Es obvio que recaudaríamos una bola de real. ¿Qué estamos esperando?

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