La era de los caudillos andinos

Crédito de imágenes: Juan José Peralta//
CASTRO-Y-GOMEZ-CAUDILLOS

Por Juan José Peralta

Para Guzmán Blanco dos años de período era poco y su primera gestión mandó siete, el Septenio de 1870 a 1877 y entregó al sucesor, su consentido, el general Francisco Linares Alcántara quien no terminó su gobierno porque murió de neumonía. Fue el primer Jefe de Estado fallecido en el poder y dicen que lo envenenaron por traicionar al protector, cuando se fue a su amado París, de donde regresó –estaba como diplomático– para cinco años de nuevo gobierno dictatorial, el Quinquenio.

El caudillo Joaquín Crespo fue elegido por el Consejo Federal, cumplió sus dos años y le entregó de nuevo al Autócrata Civilizador como llamaron a Guzmán, a quien mandaron a buscar a París por Aclamación, para un tercer período. Aburrido del poder y con sus arcas llenas, Guzmán encargó a Hermógenes López y se marchó otra vez a la Ciudad Luz.

López entrega al cuarto presidentes civil, Juan Pablo Rojas Paúl quien entregó al quinto, Raimundo Andueza Palacios para el período 1890 -1892. También le parecieron cortos dos años y quiso quedarse un tiempo más pero desde el llano emergió de nuevo Joaquín Crespo y volvió al poder para cuatro años que no concluyó.

Favorecido por un fraude, el general Ignacio Andrade recibió de Crespo –su protector– a quien mataron en la Mata Carmelera cuando salió a defender al pupilo. Huérfano de la protección de Crespo, sin ejército ni fuerza social, Andrade huyó a Saint Thomas y luego a Puerto Rico donde murió después porque desde Táchira venían los andinos.

Cipriano Castro, general de montoneras como los caudillos del siglo XIX entró triunfante a Caracas el 22 de octubre de 1899 para inaugurar una era de “gochos” en el poder y gobernaron –incluidos Medina Angarita, el dictador Marcos Pérez Jiménez y Carlos Andrés Pérez– 65 años del siglo XX.

Con Castro entraron a Caracas los tres presidentes de los próximos 40 años, los generales Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras. De presidente encargado por viaje de Castro a Alemania para atender su salud, Gómez se da un autogolpe y logra que al Cabito, su compadre, lo inhabilite la procuraduría para gobernar. Gómez se quedó 27 años en el poder, hasta diciembre de 1935, siendo el segundo presidente muerto en la presidencia.

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