El revólver que empleó Verlaine contra Rimbaud, expuesto por primera vez

Crédito de imágenes: Referencial/Corbisimages
Paul-Verlaine

Es el revólver más famoso de la literatura. Un modelo Lefaucheux con el que Paul Verlaine, ebrio, disparó contra Rimbaud en una enésima disputa de amantes en un mísero hotel de Bruselas el 10 de julio de 1873.

Verlaine había comprado ese revólver de siete milímetros y seis disparos por 23 francos al mejor armero de la ciudad, Montigny.

El arma de bolsillo la tenía un coleccionista privado belga y la encontró Bernard Bousmanne, el director de la exposición “Verlaine, celda 252″ en Mons (sur de Bélgica) donde está expuesta por primera vez.

Rimbaud, herido en una muñeca, no demandó a Verlaine, pero éste fue condenado a dos años de prisión por el juez Théodore t’Serstevens.

Pagó el precio de su mala reputación (abandonó a su esposa y niños en París para irse con Rimbaud), veterano de la Comuna de París, pero sobre todo sus costumbres “inmorales”, sus “amores de tigre” con el genial adolescente.

“Se lo condena más por su homosexualidad que por haber disparado contra Rimbaud”, destaca Bousmanne.

Expuestas están las declaraciones, el examen médico de Verlaine por dos médicos forenses designados para constatar su homosexualidad, los considerandos del fallo, las cartas explícitas de Rimbaud a Verlaine y de Verlaine a Rimbaud, halladas en sus billeteras, una fotografía, inédita, fascinante, de Verlaine con 22 años, manuscritos y dibujos originales, entre otros objetos.

También está sobriamente reconstituida la celda 252, en donde el ‘Príncipe’ de los poetas fue encarcelado entre octubre de 1873 y enero de 1875. El detenido puede escribir y recibir cartas, se le pueden enviar libros así como comidas.

A decir verdad, el poeta de la melancolía no parece haber guardado un excesivo rencor de su encarcelamiento en la prisión de Mons, a la que hizo referencia en unos versos calificándola como “el mejor de los castillos”.

De hecho, 20 años después de su liberación, Verlaine, sin dinero, volvió a Bélgica para dar una serie de conferencias. Considerado como el poeta vivo más importante desde la muerte de Victor Hugo, los belgas lo recibieron sin un entusiasmo desmedido.

“Todos los que se esperaban ver a un poeta con una capa, una gran bufanda, vieron a un hombre que parecía casi el doble de su edad, alcohólico, que caminaba con dificultad, con una actitud de mendigo y un poco tenebroso”, explica Bousmanne.

“Porque Verlaine es fiel a sí mismo, aprovecha para ir al bistrot, llega ebrio a las conferencias, pierde sus notas, se desploma frente al público (…), una visita que marcó” a los belgas, explica.

Fuente: AFP

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