El origen de la tradición de “las uvas”

Crédito de imágenes: Globovisión
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Pocas cosas hay más características en la Navidad que el hecho de comerse las doce uvas de la suerte. Por creencia o por costumbre raro es quién no come tan dulces frutos el primer día del año. Pero ¿de dónde viene esta costumbre navideña?

Ésta como otras tantas costumbres, la hemos seguido toda nuestra vida sin tener muy claro ni su origen, ni su porqué, pero si echamos mano de la historia nos daremos cuenta que su sentido era mucho más divertido del que imaginamos.

Antecedentes

Los periódicos del siglo XIX ya nos hablan de que en Madrid existía una costumbre de comer doce uvas para celebrar el año, pero no pocas controversias surgen sobre si fue debido a un excedente de uvas en el levante o si fue por otras causas. Lo cierto es que a finales del siglo XIX ya se enzarzaban los periódicos sobre cuantas uvas eran, cómo se habían de comer, etc. El periódico Gedeón en su edición de 14 de Enero del 1897 dice que la costumbre no es madrileña y que no son doce, sino tres las uvas que se toman, e incluso que solo lo hacen aristócratas al toque del reloj de Francisco Silvela.

El revuelo era tan grande que al finalizar ese año de 1897 el escritor humorístico Luis Taboada escribía en el diario El Imparcial todo un ritual sobre cómo era todo el proceso según las directrices de un nigromántico de Huesca que pasaba por Madrid:

(…) lo primero es lavarlas, después se colocan en fila sobre una mesa, si la mesa tiene tapete de hule, mejor. Después se las va cogiendo de una en una, y sin quitarlas el rabito se comen todas a las vez inclinando el lado derecho. Con esta sencilla operación se consigue un año de felicidades (…).

Luego reconoce que hay otra versión en la que:  las uvas deben comerse de pie, una tras otra sin tomar respiración y que al tragar la última es preciso dar una vuelta de vals y después acostarse .

Pese a todas estas piruetas, el satírico escritor reconoce que no hay mejor truco que comerlas en buena compañía, para “no sufrir ninguna clase de sinsabores durante el año nuevo”.

Remontándonos más atrás encontraremos referencias en la publicación La Correspondencia de España en su primer número del año 1896, donde se menciona la ingesta de uvas por parte del general Martínez Campos como celebración de la buena tarea que sus tropas están haciendo en Cuba.

Teorías

No sabemos si la costumbre de tomar las uvas fue un invento del diablo, pero en honor a la verdad tampoco sabemos cuál es su verdadero origen. Pero la versión más aceptada es que todo se debió a una protesta ciudadana que queriendo satirizar a los adinerados políticos se presentaron en la Puerta del Sol a comerse las uvas.

La burla consistía en imitar a los aristócratas que tomaban uvas y champagne en sus salones frente al Ministerio de la Gobernación. Añade la leyenda que el enfado ciudadano  tenía su origen en el bando municipal que el alcalde de Madrid José Abascal y Carredano había hecho en diciembre de 1882 prohibiendo una fiesta llamada “la recepción de los reyes magos”.

Esta otra tradición consistía en burlarse de los forasteros que llegaban a la ciudad diciendo que la noche del cinco de Enero había que salir a buscar dinero y regalos así, que estratégicamente habían dejado los organizadores de la cabalgata para aquellos intrépidos que fuesen capaces de trepar a balcones, subir fachadas…

Asturianos y cántabros eran las principales víctimas de estas chanzas  y posiblemente el alcalde José Abascal (nacido en Pontones, Cantabria) se apiadó de ellos poniendo fin con aquel bando municipal a las bromas a sus paisanos.
Pero eliminar la juerga y el divertimento entre los madrileños ha sido siempre una tarea difícil para cualquier gobierno y si aquella fiesta local de los reyes magos desapareció, nació otra con un  vigor imparable que superó fronteras hermanando países y gentes bajo un mismo propósito, las ganas de fiesta.

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