¿Cuándo el alcohol es un problema?

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Por Viqui Durán / @viquiduran

En todos los países la ingesta de alcohol se ha convertido casi que en una conducta natural y necesaria para muchas personas; las celebraciones, los momentos difíciles, los despechos, la distracción del fin de semana y hasta para comer, el alcohol se ha convertido en un compañero y para algunas personas es un compañero inseparable.

Si bien es cierto que muchas personas toman, también es cierto que no todas lo hacen de manera social, eventual y no perjudicial, por lo que es importante definir cuando la ingesta de alcohol se puede convertir en un enemigo que nos puede llevar a una de las más terribles enfermedades médico-conductuales: El alcoholismo.

El consumo habitual de alcohol se convierte en un problema y la persona que lo consume pudiera estar en riesgo de poseer alcoholismo cuando se presentan algunos de los siguientes síntomas:

• La persona “aguanta” cada vez más el alcohol, es decir, cada vez bebe más cantidad sin que se noten, aparentemente, los efectos de la embriaguez. Esto se debe a que el organismo va creando tolerancia a esa droga.

Si se reduce el consumo de bebidas alcohólicas, o se deja de beber bruscamente, se experimentan molestias físicas y psíquicas tales como: temblor, náuseas, ansiedad, irritabilidad, etc. Se trata de síntomas de abstinencia, que desaparecen al tomar una bebida con alcohol.

• En ocasiones, la persona se esfuerza por beber moderadamente, o incluso intenta dejar de beber por sí misma, pero no lo consigue.

• La forma de consumir alcohol acaba ocasionando alteraciones importantes en las actividades sociales y recreativas, e incluso en las ocupaciones habituales. Tanto en casa como en el trabajo resulta difícil mantener el ritmo, se pierde la concentración y aparecen conflictos en las relaciones con los demás.

• En algunos casos no se llegan a presentar todos los síntomas anteriores, o bien son muy leves. Sin embargo, la persona tiene dificultades para controlar el consumo de alcohol a pesar de saber que le ha ocasionado problemas importantes a nivel físico, psicológico o social; o bien no puede evitar beber alcohol en situaciones en las que resulta peligroso, como cuando se tiene que conducir o manejar maquinaria, cuando se está embarazada, o cuando se sufre alguna enfermedad que puede empeorar con el alcohol (depresión, ansiedad, enfermedades del estómago, del hígado, etc.).

Si detectas estos síntomas en alguien de tu familia, genera el alerta y busquen ayuda de un psicólogo, psiquiatría o centro de atención para personas con problemas de alcohol, puesto que el alcoholismo se puede prevenir y en su defecto es una enfermedad que se puede tratar y controlar.

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