Caracas: desde, hacia, a través

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Por José Carvajal / @caracasapie

No es posible conocer y entender la ciudad del presente, mucho menos pensar la del futuro y proponer proyectos si no se hace desde el andar. Así de radical. Corrijamos: se puede, pero de manera irresponsable, y los resultados de esa irresponsabilidad suelen ser aterradores.

Quien “conoce” la ciudad desde “la comodidad” del automóvil, poco entiende de ella, la piensa mal y le propone absurdos. Es obvio que todos los medios de transporte pueden coexistir, pero el que le da sentido a la ciudad, el que permite interactuar de manera cohesionada (espacial y temporalmente) con otra gente y en diversidad de espacios, es el andar a pie. La caminata, que combinada con transporte público y otros medios como la bicicleta, son los que además apuntan hacia una sustentabilidad ambiental, social y económica. Debemos interrogar a todas las propuestas de intervención urbana desde esa premisa: ¿favorecen el andar a pie, o por el contrario lo dificultan?

Todo lo que atente contra el andar debemos asumirlo como un problema para la vida presente y futura de Caracas. Los ciudadanos y las instituciones que rigen sus destinos. Y no hay manera de entender eso de manera teórica, desde afuera, sino desde el ejercicio mismo de lo propuesto: asumiendo un andar reflexivo, o una reflexión andante. Esta semana culminó un taller que coordiné, desde la plataforma cultural de la Biblioteca Los Palos Grandes, de Cultura Chacao, en el que justamente la propuesta era una serie de itinerarios temáticos, para observar la ciudad desde adentro, hablar de ella mientras la atravesamos.

El primero de los itinerarios fue una “mirada panorámica”, pero no desde sus miradores emblemáticos, sino construyendo un sistema de miradores parciales sobre la ciudad desde el objeto más antiurbano y contemporáneo que tenemos: el centro comercial, por supuesto asociado al carro. Un recorrido desde el CCCT hasta el San Ignacio, pasando por el Sambil y el Centro Empresarial del Este que permite entender la fractura de la autopista, la disfuncionalidad de las colinas netamente residenciales, la impronta de La Carlota y la peligrosa homogeinización que se mueve de Campo Alegre hacia el este.

El segundo fue para “auscultar los detalles”, un recorrido desde la plaza Pérez Bonalde, en Catia, hasta el parque del Oeste en Gato Negro, zigzagueando por la urbanización Nueva Caracas, incluyendo calles como la Bolívar, la Colombia y la Maury, icónica por sus viejas casas de aspecto morisco y emblemática porque es el límite hipotético del parque al que se le deben todavía una treintena de sus hectáreas decretadas. Un recorrido lleno de vida y de infinitos detalles.

El tercer recorrido fue “pasear por los bordes”, que comenzó en el paseo de Los Ilustres, al frente de la suerte de montaña rusa vial que construye el Mppttop como parte de la ampliación de la autopista Valle-Coche, escrutando los bordes del río Valle por los lados de Santa Mónica, la unión con el río Guaire por Ciudad Banesco y luego la avenida Venezuela, por detrás del Centro Comercial El Recreo. Una vista cercana para entender la necrosis de los tejidos urbanos y el arrase de la franja vegetal asociados a la autopista.

El cuarto itinerario fue para “merodear por los centros”, y elegimos el casco de Petare, pero entrándole por su cara oculta, la fachada hacia el río Guaire. Primero lo bordeamos, entramos por la escalinata empedrada (entre las calles Miranda y Tunita), abrigados por una ceiba centenaria, para luego movernos por su trama hasta llegar a la redoma de Petare.

Pero el andar seduce, así que agregamos dos recorridos más: una bajada “en escalera” desde la plaza Los Palos Grandes hasta el parque Boyacá, atravesando Altamira, La Castellana, el caso de Chacao y El Rosal. Y un recorrido de cierre desde la avenida Miguel Ángel de Colinas de Bello Monte (en obras) hasta Paseo Las Mercedes, una zona sometida ahora a un impresionante boom inmobiliario de torres de oficinas.

Fue mucho lo visto, lo percibido y lo dicho a partir de nuestros pasos que fueron abriendo posibilidades y suturando territorios, algunos de ellos negados a los viandantes, a la ciudad, otros olvidados por ese miedo que azota y encierra. La idea es seguir andando y reflexionando, para multiplicar una visión desde adentro. Una ciudad de veras para la gente.

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