Mad Max: Furia en el camino. El regreso de una leyenda

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Por Luis Bond / @luisbond009

Son pocos los directores que tienen la oportunidad de volver al ruedo después de muchos años a escribir un nuevo capítulo dentro de sus sagas. En este reducido universo, apenas hay un puñado de estos revival que superan con creces a su obra original. Este es el caso de George Miller, un director de cine australiano que hace 36 años rodó un largometraje de acción con un presupuesto ínfimo, actores desconocidos y una estética arriesgada; una aventura que se transformó en el comienzo de una saga legendaria llamada Mad Max. En esta primera entrega, Miller creó con muy pocos recursos un mundo distópico y violento, descubrió a Mel Gibson y le demostró a los estudios comerciales que una buena película de acción depende más de la técnica narrativa que del dinero para destruir cosas. Gracias a este acierto, Miller pudo rodar 2 exitosas películas de Mad Max (bueno, la tercera no fue tan buena…) que hicieron subir su carrera como la espuma y lo transformaron rápidamente en un director de culto. Cuando pensábamos que ya todo estaba dicho en el cine de acción, Miller decide volver al ruedo con Mad Max: Furia en el camino (Mad Max: Fury Road), una secuela donde vuelve a reinventar el género y logra cumplir su anhelado sueño: hacer una película sin limitaciones, llevando su experimentación al límite. El resultado salta a la vista, un espectáculo visual de primera que a pocos días de su estreno ya es considerada un clásico contemporáneo en su género y la obra maestra de su director.

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Mad Max: Furia en el camino se desarrolla en un futuro distópico parecido al de sus antecesoras, una época no muy lejana a la nuestra donde los recursos naturales se han agotado por completo y las personas viven como salvajes agrupados en tribus, robando y esclavizándose los unos a los otros. En este universo conocemos a Max (Tom Hardy), un antiguo policía sin ningún tipo de vínculo emocional y que es acosado por los fantasmas de su pasado, un guerrero estoico que lucha diariamente por sobrevivir. La historia comienza cuando Max es capturado como si fuese un animal y llevado frente a Immortan Joe (Hugh Keays-Byrne), un líder cruel que se encarga de esclavizar a su pueblo dándole migajas de recursos naturales; un tipo tan malo que manipula a la gente para que robe y mate por él, succiona la leche de mujeres embarazadas para alimentarse, tiene un harén de jóvenes hermosas para sí y utiliza a sus prisioneros como bolsas de sangre para alimentar a sus guerreros. Por vueltas del destino, Max terminará en medio de una persecución sin precedentes para atrapar a una traidora del régimen: Imperator Furiosa (Charlize Theron), la mano derecha de Immortan Joe, que se ha robado un cargamento sumamente importante para el dictador. Como reza el viejo dicho: el enemigo de mi enemigo es mi amigo, Furiosa y Max terminarán uniendo fuerzas para escapar de las manos de Joe y sobrevivir a su caótica realidad.

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Mad Max: Furia en el camino nos atrapa desde el primer plano con su ritmo agresivo, tanto en el aspecto visual como el narrativo, sumergiéndonos en secuencias de acción que aparecen una tras otra, solapándose y quitándonos el aliento. Algo que podría molestar a muchos y confundirse como un exceso de acción, esconde detrás de sus autos extravagantes y violencia desmedida muchas lecturas de miedos contemporáneos. Mad Max: Furia en el camino exorciza en la gran pantalla una realidad que parece tarde o temprano inminente: la ausencia de recursos naturales, el Apocalipsis generado por el hombre, la anarquía, el fracaso de los modelos políticos, el regreso de la esclavitud, la oscuridad de la naturaleza humana, la ausencia de redención y decenas de cuestiones filosóficas que la película plantea de manera elegante y sin querer darnos respuestas pretenciosas, algo que la hace mucho más inteligente de lo que podría creerse en una primera lectura. Charlize Theron se roba la pantalla desde su primera aparición, Hugh Keays-Byrne (el primer antagonista de Mad Max, vale la pena acotar) regresa en un papel que mete tanto miedo como su predecesor, Tom Hardy, aunque mucho más discreto que los demás, se luce como siempre haciéndole justicia al papel que otrora encarnara Mel Gibson. Los personajes secundarios como Nicholas Hoult y las chicas que los acompañan en su travesía (que parecen sacadas de un desfile de Victoria´s Secret), también tienen sus momentos estelares, haciendo que el cast esté a la altura de un crew que saca lo mejor de sí en cada momento.

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Más allá de las lecturas que ofrece su subtexto, lo que engancha de Mad Max: Furia en el camino es su puesta en escena. Cada plano parece sacado de una pintura hiperrealista por su paleta de colores y fuerza expresiva. La dirección de arte es una mezcla entre la vieja saga de Mad Max con las rarezas steam punk de Terry Gilliam, el surrealismo de Lynch y guiños a los clásicos del western, retratando la época del salvaje oeste, pero versión post-apocalíptica. La dirección de fotografía es de lo más perverso que he visto: desde una tormenta de arena, pasando por el sol inclemente del desierto, hasta terminar en una noche americana, el manejo de la luz en cada escena derrocha personalidad. El montaje es frenético y agresivo como la caracterización de todos su personajes, recordando a los origines de la saga y sabiendo cuando acelerar las acciones y cuando darle tiempo de lectura a los instantes monumentales de su puesta en escena. George Miller demuestra en la dirección que, a pesar de su edad, sigue siendo un joven audaz detrás de la cámara y se inventa coreografías alucinantes, nos regala presentaciones épicas para cada personaje y sabe cómo llevar al máximo su propuesta narrativa.

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Así le duela a sus detractores, Mad Max: Furia en el camino pasa al Olimpo de la acción contemporánea y del cine en general. Miller se superó a sí mismo y nos regala otra joya maestra. Lo hizo comenzando su carrera, lo hace ahora en la senectud. Si mañana mismo decide colgar los guantes, lo hará con la frente en alto. Obligado verla en el cine, con todos los hierros, una experiencia visual que nada tiene que envidiarle a Interestelar o Gravity. Un bonito reflejo de lo que puede suceder en algunas sociedades dentro de poco tiempo… ¿o que ya nos está sucediendo?

Lo mejor: la actuación de Charlize Theron, ella se roba el show por completo. Su puesta en escena, tanto dirección, fotografía y arte la hacen una experiencia visual única e inigualable en su género. El universo distópico que plantea. Todas las secuencias de acción. El tipo de la guitarra.

Lo malo: Aunque la actuación de Tom Hardy está perfecta, su personaje no se desarrolla casi en pantalla ni se explican sus flashbacks. Hay varios momentos que parecen sacados de Mad Max: Road Warrior, pero en esteroides. Tanta acción no es para todo el mundo.

A continuación vea el trailer:

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