Libertador: Cuando el espectáculo nos ciega

LUISBON

Por: Luis Bond // @luisbond009

Simón Bolívar siempre será la figura más grande y controversial de nuestra historia. Más allá del uso -y abuso- de su nombre en estos últimos años, todavía hoy en día el Libertador genera opiniones encontradas. Con sus virtudes y desaciertos, a muchos les cuesta asimilar que el padre de la patria era un señor de carne y hueso. Dejando a un lado el culto exacerbado a su figura, pareciera que cualquier intento de desmitificarlo en la gran pantalla está condenado al fracaso. El primer film que lo intentó fue Bolívar el hombre de las dificultades, una película que buscaba mostrar un Libertador más humano, lleno de dudas, pero que se hundió por sus incongruencias en el guión, fallas en la puesta en escena y un Roque Valero que jamás llegó a convencer a nadie con sus patillas e interpretación histérica. Un año después llega el turno de Libertador, una súper producción que causó revuelo en los medios desde su rodaje y que iba dejando a todos boquiabiertos con cada imagen que se filtraba. El resultado: todas las funciones agotadas el día de su estreno y una ola de críticas positivas… ¿Es Libertador la película que todos esperábamos y que merecía el padre de la patria?, más allá de su indiscutible factura técnica y lo consistente de su guión, el film posee muchos aspectos completamente discutibles. A pesar de esto, y sin lugar a dudas, le lleva cabezas de ventaja a cualquier intento de película histórica que haya rozado la figura de Bolívar en toda nuestra filmografía.

Libertador, a diferencia de Bolívar el hombre de las dificultades, intenta ser una película total. Lejos de quedarse con un pedazo de la vida del Libertador, busca retratar la génesis de su gesta independentista, su apogeo y caída. De esta forma, Libertador nos presenta a un Simón Bolívar (Edgar Ramirez) que pasa de ser un rico de cuna a transformarse en el héroe de la patria. En todo este proceso, conocemos varias aristas de su historia: desde su romance con su primera esposa María Teresa del Toro (María Valverde), sus choques ideológicos con su maestro, sus aciertos y desaciertos político-militares, hasta los últimos días de su vida. En sus 2 horas de metraje, Libertador busca hacer un retrato de Bolívar, Venezuela y toda la lucha de independencia a través una mirada un poco light de su vida. Una historia que fluye sin mayores contratiempos y que a pocos días de su estreno ya se considera un éxito de taquilla.

El problema con Libertador no es de forma, su debilidad es una cuestión de fondo. En teoría, busca humanizar a Bolívar, pero termina erigiendo su mito mejor que cualquier otra producción. El Bolívar de Libertador es un tipo romántico, idealista, bien parecido e indomable. Imagen que dista mucho de ese Bolívar que pintan algunos historiadores, un hombre que podía llegar a ser muy cruel, egoísta, mujeriego, paranoico y enfermizo en los últimos días de su vida. De hecho, es en este último apartado donde la película genera controversia. Al margen de los errores históricos que pueda tener (detalles que, además, poco interesan al público), el mayor pecado que comete Libertador es alimentar la teoría conspirativa acerca del asesinato de Bolívar, eliminando por completo años de historia y de documentos que dan fe de su precario estado de salud en sus últimos días. Salvando esto y detalles que son imperdonables (Francisco de Miranda es enano y gordo, Sucre tímido y endeble, Paez cobarde y Santander traidor), Libertador se toma concesiones históricas para alimentar más esa imagen del omnipotente Bolivar, dejando a todos sus colaboradores como cobardes o personajes menores en la lucha por la independencia.

Sin ánimos de sonar demasiado nacionalista, llama poderosamente la atención que la mejor película que se ha hecho del padre de la patria diste muchísimo de ser venezolana. Omitiendo la dirección impecable de Alberto Arvelo, la magnifica interpretación de Edgar Ramirez, la música de Dudamel y un par de venezolanos en la producción, el resto del apartado artístico nada tiene que ver con nuestro país. El  responsable de la fotografía que tanto ha sido alabada es Xavi Giménez (El maquinista, Agora), el ritmo trepidante de la historia es cortesía de la edición de Tariq Anwar (Belleza Americana, El discurso del Rey), el diseño de producción es de Paul D. Austerberry (Eclipse, Resident Evil Apocalypse), por no hablar del departamento de arte donde trabajaron personas que son responsables de películas como El perfume, Orgullo y prejuicio, Los otros y Medianoche en París. La guinda la pone el guionista, Timothy Sexton, el escritor de Los hijos del hombre (la mejor película de Alfonso Cuarón en mi opinión), que logra una historia casi redonda y que esconde entrelíneas un fuerte mensaje político que pocos espectadores perciben. Con todo este dream team y un presupuesto de 50 millones de dólares -tan abultado como el de cualquier blockbuster- es difícil que Libertador no tuviese la calidad técnica que posee. Llamarla la gran película del cine venezolano es algo completamente cuestionable al ser la mayoría de su cast y equipo técnico extranjero (de hecho, apenas un 30% de la película fue rodada en Venezuela).

¿No es irónico que la gran película del padre de la patria haya sido escrita por un estadounidense, fotografiada por un español, editada por un hindú y producida al mejor estilo de Hollywood?, ¿qué diría Bolívar de esto? ¿Qué hubiese hecho un equipo de venezolanos con ese presupuesto en sus manos?, ¿es que acaso no tenemos buenos realizadores para hacer un film de gran calidad técnica? Creo que este es el tipo de preguntas que debería dejarnos Libertador al salir de la sala… después podemos recomendarla y felicitar a Beto Arvelo, Edgar Ramirez y Dudamel. Si los venezolanos dejamos de aplaudirla obnubilados por todo el despliegue técnico de su puesta en escena, tal vez tengamos la posibilidad de descubrir la gran paradoja que escondemos con nuestro supuesto nacionalismo y cuestionable independencia. Si Libertador logra llamar al público a esa reflexión, entonces Bolívar se sentiría orgulloso de ella… y de nosotros.

Lo bueno: La interpretación de Edgar Ramirez. La dirección de Alberto Arvelo de todas las escenas contemplativas en el campo: una delicia visual. La dirección de arte está cuidada al máximo. La música épica cortesía de Dudamel. Las edición de las escenas de batalla.

Lo malo: Ver a ciertos personajes épicos de nuestra historia retratados de forma errónea (a nivel psicológico y físico). El final ambiguo de la película. El sutil mensaje político que subyace debajo del film y que pocas personas podrán leer al verse deslumbrados por su puesta en escena.

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