Las caras del diablo 2: a paso lento, pero seguro

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Por: Luis Bond

De toda la lista de realizadores contemporáneos, al que más respeto es a Carlos Malavé. A pesar de no congeniar con su narrativa y puesta en escena, él es el mejor ejemplo de lo que debería ser un buen productor y director: alguien que está constantemente rodando. Desde su primera película hasta Las caras del diablo 2, Malavé ha estrenado casi 1 largometraje al año, un ritmo de producción encomiable que muchos realizadores deberían tomar por ejemplo. Consecuente con su estética, Malavé se ha dedicado casi exclusivamente al thriller policial (omitiendo su comedia romántica La pura mentira y su ópera prima Por un polvo) y es precisamente en este género donde el Director/Guionista/Editor/Productor/Director de Fotografía -de a ratitos- y demás se ha desarrollado con mayor éxito. Las caras del diablo 2 es el resultado de todos estos años de ensayo y error en pantalla y, a pesar de sus falencias, logra ser una historia exitosa, levantando un film de poco más de 2 horas (algo atípico en las cintas venezolanas) y que mantiene el interés del espectador en todo momento -lo cual es un logro enorme para cualquier realizador.

Las caras del diablo 2 cuenta la historia de un Ex-Ministro de Justicia (al que da vida Miguel Ángel Landa), cuyos hijos son secuestrados de una forma bastante turbia. Esto, sumado a una exorbitante suma de dinero que piden los captores -quienes parecen conocer muy bien a su víctima-, hace que el Ex-Ministro pida la ayuda de su amigo el Comisario Guzmán (William Goite) para investigar más a fondo lo que sucede. Luego de dar vueltas en círculos, el Ex-Ministro y Guzmán deciden hacer las cosas a su manera y contactan a Pedro Ramírez (Laureano Olivares), un ex-policía que sacan de prisión para que los ayude a conseguir a los culpables del crimen. Este encuentro sirve como punto de partida para desarrollar un thriller policial habitado por el crimen organizado, la guerrilla, militares corruptos, policías vendidos y demás donde las lindes entre la justicia y la injusticia se desdibujan. Una historia llena de intriga donde Guzmán y Ramírez (encarnando la clásica dupla del policía bueno y el policía rudo) tendrán un sólo objetivo: conseguir que los culpables del crimen paguen a como de lugar.

A diferencia de muchos realizadores nuevos, Malavé tiene las cosas claras: el cine debe generar taquilla. Sus películas no son estéticamente hablando llamativas (una Dirección de fotografía a veces un poco amateur, la Dirección de arte bajo perfil), pero él no se detiene en preciosismos: lo importante es echar el cuento así sea de forma sencilla. Por suerte, como Director ha sabido cubrir sus deficiencias técnicas al rodearse siempre de buenos actores; mezclando artistas clásicos del cine y la televisión con nuevos talentos, dando como resultado lo mejor de dos épocas muy diferentes conjugados a la perfección en lo que sería una filmografía que busca esa evolución del cine social que no pudieron dar Chalbaud y Bolívar en la actualidad. Sin ir muy lejos, es curioso ver como Las caras del diablo 2 supera en todo sentido a Corpus Christi, película de César Bolívar y que cuya filmografía, sin lugar a dudas, sirvió de inspiración a Carlos Malavé. Alumno supera al maestro y esperemos que el alumno no siga los pasos finales del mismo.

Probablemente, el estigma que siempre ha marcado el cine de Malavé ha sido los errores de guión y de producción, fallas que siempre terminan restando puntos al gran esfuerzo que hace. En este caso, Las caras del diablo 2 no está exenta, pero llegan a ser tan pequeños y puntuales que la película pasa sin mayor problema (salvo en las escenas de acción: allí todavía falta mucho por trabajar). En comparación a la primera -cuyo presupuesto fue ínfimo para la época y que logró muy buenos resultados en taquilla-, Las caras del diablo 2 está muy por encima, lo que demuestra que Malavé ha hecho bien la tarea, como todo artesano, a paso lento pero seguro. Creo que soltar la batuta de ciertas áreas le ha permitido desarrollarse en otras y esto ha jugado a su favor en su filmografía. Por su constancia y esfuerzo, estoy seguro que Malavé, en algún momento, hará una gran película venezolana (una suerte de Pez que fuma o Macú del cine contemporáneo), pero todavía le hace falta hacer varios largometrajes para depurar del todo su arte. Esperemos que en el proceso siga subiendo la barra y que no pare de rodar.

Lo mejor: las actuaciones de Laureano Olivares, William Goite, Miguel Ángel Landa y Elba Escobar suman muchísimo a la puesta en escena. El 90% de las groserías están completamente justificadas (sobre todo las que dice Laureano Olivares). No hace falta ver la 1 para entenderla.

Lo malo: sus diálogos expositivos y situaciones que rompen con la verosimilitud de la historia. Detalles de producción como la sangre, efectos especiales, sangre y demás terminan distrayendo por su mala calidad (y en momentos claves dentro del relato).

Crítica por: Luis Bond / @Luisbond009

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