La promesa de Sidney y el futuro de las áreas protegidas

Crédito de imágenes: Corbis
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Por Diego Díaz Martín / @DDiazMartin

Finalizó el Congreso Mundial de Áreas Protegidas convocado por la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) en Sidney (Australia) en el que participaron más de 6000 representantes de alrededor de 170 país. Cientos de reuniones y talleres sirvieron de base para sentar una promesa, que resalta la importancia de los parques nacionales y las áreas protegidas en general, instando a los gobiernos del mundo a brindar mayor atención e inversión, así como un apropiado manejo.

La declaración final, conocida como la Promesa de Sidney, reconoce la importancia de promover y lograr el equilibrio en la relación entre la sociedad humana y la naturaleza, destacando la importancia que tienen los ecosistemas y la variedad de vida que encierran, todos indispensables para satisfacer nuestras necesidades y lograr la sustentabilidad del planeta, en convivencia y armonía con los distintos intereses culturales, espirituales, económicos y ambientales.

La Promesa de Sidney crea un mandato importante en los gobiernos del mundo para garantizar que las áreas protegidas no retrocedan sino que avancen, aumentando la protección de paisajes terrestres, humedales y paisajes marinos, para asegurar la representación de todos los sitios esenciales para la conservación de la naturaleza, especialmente los océanos.

También reconoce la importancia de los recursos humanos involucrados con la gobernanza de estas áreas, así como de las comunidades indígenas y otras poblaciones autóctonas, dentro y fuera de las áreas protegidas, como aliados fundamentales en su manejo y conservación.

La Promesa de Sidney también destaca la importancia de la inversión suficiente y sostenida, así como el desarrollo de políticas públicas, incentivos, herramientas y garantías que ayuden a detener la pérdida de biodiversidad, mitigar y responder al cambio climático, reducir el riesgo y el impacto de los desastres, mejorar la seguridad alimentaria y de suministro de agua, y promover la salud y dignidad humanas.

En los tiempos que vive Venezuela, el llamado a garantizar la integridad de las áreas protegidas del mundo, formulado por representantes de 170 países, es sin duda un mensaje claro y directo que debemos escuchar.

Los parques nacionales, refugios de fauna silvestre, monumentos naturales y santuarios de fauna silvestre, son áreas protegidas estrictas, tal y como lo establece nuestro marco jurídico vigente.

El compromiso moral con la presente y futuras generaciones es parte de los preceptos de la premisa de Sidney. En cada uno de nosotros está vigilar porque nuestras áreas protegidas sean bien manejadas, sin caprichos ni desconocimientos técnicos y jurídicos.

Tal y como fue destacado hace poco por los miembros venezolanos de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas de la UICN, cualquier uso incompatible de nuestros parques nacionales no solo quebrantaría nuestra Constitución y las leyes, sino que también atentaría contra la sustentabilidad de sus valiosos bienes y servicios, de los cuales dependemos todos para subsistir.

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