La meditación: Aquietar la mente para alcanzar la serenidad

La meditación es una práctica por medio de la cual se propicia una constante observación de la mente con el objetivo de descubrir un profundo estado de conciencia pleno de conocimiento y amor.

Es un flujo ininterrumpido de pensamiento o percepción, como el fluir de un río. Durante la concentración es preciso mantener las riendas del pensamiento tensas; en cambio, durante la meditación esta sujeción no es necesaria, porque la mente permanece, fluye por sí misma, sin ningún esfuerzo, en una sola onda de pensamiento. Para el aspirante espiritual, se trata de mantener un flujo incesante de conciencia divina.

La práctica constante de la meditación ayuda a mejorar el desempeño en prácticamente todas las funciones de la mente, como la memoria y la concentración, desarrollando al mismo tiempo la espiritualidad del practicante.

La meditación es una ciencia que ha sido desarrollada durante miles de años por muchas personas alrededor del mundo, que se han acercado a ella manteniendo un punto de vista objetivo, experimentando y observando cuidadosamente la naturaleza de esta práctica y sus resultados.

Es también un arte y una filosofía, porque en sus niveles más profundos, las experiencias y los beneficios son mejor comprendidos de una forma intuitiva, es decir, de una forma que no es tan fácil de comunicar. Definitivamente, la única forma de conocer tales niveles de meditación es mediante la práctica.

Podríamos decir que la meditación es mantener un fluido constante de la consciencia hacia un objeto determinado. Todos los pensamientos se expulsan de la mente, concentrándonos en aquello que es la conciencia del Ser interior, nuestra verdadera naturaleza.

Consciente o inconscientemente, todos buscamos la paz que la meditación aporta a la mente. Todos tenemos nuestras propias maneras de hallar esa paz, nuestros propios hábitos de meditación: desde la ancianita que se sienta a tejer junto al fuego, al navegante que en una tarde de verano se desliza ociosamente por el río, olvidándose del transcurrir del tiempo. Porque cuando la atención está totalmente absorta, la mente guarda silencio; cuando conseguimos restringir nuestros pensamientos a un solo objeto, el incesante parloteo interno se detiene.

En realidad, el contentamiento que sentimos cuando la mente está absorta, no proviene tanto de la actividad misma, como del hecho de que al concentrarnos, nos olvidamos de nuestros problemas y preocupaciones.

La meditación es la práctica mediante la cual hay una observación constante de la mente. Esto significa enfocar la mente en un punto, y silenciarla para percibir el Sí mismo. Al detener la marea de los pensamientos, llega uno a entender su verdadera naturaleza y a descubrir la sabiduría y la tranquilidad que lleva dentro. De la misma manera que concentrar los rayos del sol a través de una lupa, los calienta hasta el punto de que pueden quemar, también concentrar los rayos dispersos del pensamiento hace que la mente se vuelva penetrante y poderosa.

Con la práctica continua de la meditación, se descubre un sentido intensificado de finalidad, se refuerza la voluntad, y el pensamiento se aclara y concentra más, de manera que afecta a todo lo que hacemos.

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