La ideología del asfalto o los árboles bisagra

Crédito de imágenes: José Carvajal
asfalto

Por José Carvajal / @caracasapie

I

No hay ideología de por medio. Miento, claro que la hay, y en la práctica unifica a ideologías que lucen divergentes. Una es la ideología que establece que en la ciudad el hombre es quien impone las reglas. Y pudiendo imponer las reglas del equilibrio, de la sostenibilidad, prefiere las del arrase. Hay una ideología del arrase. Otra de la contención.

Una es la ideología que burda o eficazmente defiende la velocidad (más rápido, más eficiente). Otra la ideología de la lentitud (la parsimonia, el goce). La primera está directamente asociada a la máquina que devora la mayor cantidad de espacio en la ciudad: los vehículos a motor. Otra, a la gente, que está y que anda por los intersticios que apenas dejan los vehículos.

La mayoría de la gente de la ciudad que se desplaza caminando no se ha dado cuenta de que potencialmente representa el triunfo de la otra ideología. La que detendrá la barbarie desde la sensatez, desde el más estricto sentido común. La que irá recuperando de a poco el equilibrio. A la ideología hegemónica de “los menos árboles” se le ha de oponer la ideología contraria: la del rescate de la ciudad verde, que es la ciudad que indefectiblemente necesitamos todos.

II

Sonará fastidioso e ingenuo. Sonará todo lo que ustedes quieran, amigos lectores. Pero si no lo asumimos como cruzada en contra, esta moda siempre renovada de la tala y las podas severas de árboles, sencillamente la inercia imperará. Y esa inercia ya ni siquiera corresponde al arrebato humano o a una apuesta racional, sino a la presencia misma de la máquina que parece obligarnos a darle espacio. Como si estuviésemos obligados por siempre a satisfacer su ansia de espacio. Su existencia habitual parece condicionar todo lo demás, como deber ser, como irreversibilidad.

El auto determina los presupuestos públicos. ¿Cuánto dinero se invierte en obras de vialidad o simplemente en asfaltar?, ¿cuánto se invierte en el mantenimiento, conservación y ampliación de nuestras reservas verdes? Las políticas públicas parecen pensadas y decididas desde el aislamiento de las cuatro ruedas. Dictadas con una mano en la corneta y un pie en el acelerador. Políticas desesperadas y paradójicamente lentas. Políticas indispuestas a restringir de verdad la presencia de los vehículos a motor en el escenario urbano.

Mientras en muchas ciudades están cercándolo, expulsándolo, acá le seguimos abriendo espacio, rindiendo pleitesía. Espacio a costa de menos árboles y, obvio, menos espacio para la gente. Menos transporte público. Menos centros deportivos. Menos escuelas y centros culturales. Más contaminación y menos conciertos, menos exposiciones.

III

No es un capricho, ni un arrebato romántico defender nuestros árboles (tampoco la idea de depender cada vez menos del carro particular). No sólo producen algo vital para nosotros (oxígeno), sino que son la bisagra que nos conecta con un territorio que los habitantes de la ciudad olvida aceleradamente: el natural. La naturaleza es “un lugar” al que visitamos (como un parque temático), no un lugar entre nosotros. No un sentido entre nosotros. Ergo: no formamos parte de ella. Y mientras más nos alejamos de ese territorio estamos menos vivos.

Esta exhalación la escribo ante el arrase sistemático y masivo de árboles (ampliación de autopistas), pero también en cada una de nuestras calles, de cualquiera de nuestros municipios. Y luce que en un porcentaje alto tiene que ver con la batalla por el espacio que siguen ganando los vehículos. Con políticas (inercias) institucionales. Y con desapegos (inconciencia) de muchos ciudadanos, a quienes les importa más sus bienes que el bien común, más su comodidad que el bienestar de todos. Árboles que caen por tapar una fachada, por manchar y eventualmente abollar vehículos estacionados en la vía pública, porque no permiten maniobrar con facilidad para entrar a un estacionamiento, muchas veces ilegal.

Alcaldes, ministros, viceministros, servidores públicos, no apuesten tanto a la ideología del asfalto. La de la clorofila es una mejor vía para la gente.

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