Interestelar: un viaje interior en el espacio

Crédito de imágenes: Luis Bond
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Por Luis Bond / @luisbond009

Hay películas que plantean las grandes preguntas que la humanidad se ha hecho desde tiempos inmemorables. Algunas intentan darnos respuestas, otras tienen la labor de crearnos nuevas interrogantes, dejándonos sumidos en pensamientos profundos durante muchísimo tiempo. Son precisamente este tipo de films los que marcan a las generaciones y crean cineastas de culto.

Películas contemporáneas como Matrix o Inception, historias que abordan cuestiones casi metafísicas -pero de forma accesible para el público, casi mainstream-, encendiendo en la mente del espectador una chispa que termina transformándose en decenas de cavilaciones que completan el largometraje fuera de la sala. Enmarcada en esta onda nos llega Interestelar (Interstellar), la nueva película de ciencia ficción de Christopher Nolan que intenta conciliar temas que parecen divorciados como lo son la ciencia y las relaciones humanas. Un largometraje que ha divido por completo a la crítica y que, independientemente de su controversia, logra lo que se plantea: que el espectador salga movido de la sala cuestionándose muchísimas cosas.

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La historia se desarrolla en un futuro aparentemente cercano donde el mundo se ha quedado sin recursos para sobrevivir, dedicándose por completo a la cosecha y dejando a un lado la exploración del espacio y el desarrollo de la tecnología (los grandes culpables, de manera tácita, de dicha situación). En este contexto conocemos a Cooper (Matthew McConaughey), un antiguo piloto retirado y viudo, que vive en una casita en medio de un gran sembradío de maíz junto con su pequeña hija Murph (Mackenzie Foy), su hijo adolescente Tom (Timothée Chalamet) y su suegro Donald (John Lithgow). Juntos conforman una familia humilde y que se dedica a proteger su terreno de un extraño fenómeno natural que azota el planeta (una suerte de tormenta de arena que merma las cosechas). Su vida transcurre en una rutina caótica por sobrevivir, hasta que un día padre e hija detectan una anomalía en la arena que trae el viento. Movidos por su curiosidad, ambos terminan descubriendo -sin querer- la locación secreta de la extinta NASA. Gracias a este evento, Cooper es seleccionado para pilotar una misión casi suicida: viajar al espacio para conseguir un nuevo planeta donde los seres humanos puedan asentarse. Esto trae como consecuencia un roce terrible entre el padre y sus hijos, dando paso a una película espacial con tintes dramáticos e intimistas que la transforman en algo más que un film de ciencia ficción.

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Cargada con un halo enorme de solemnidad en su puesta en escena y con toda la fama que posee Nolan, Interestelar es una película que atrapa desde su primer plano. Lastimosamente, su guión la hace moverse entre polos opuestos de manera magistral y aparatosa al mismo tiempo, teniendo su pico en toda la puesta en escena en el espacio y las relaciones entre Cooper y su hija, pero perdiendo fuerza al querer ligar hechos científicos con algo como el amor. El resultado es un intento de emular lo que hizo Kubrick en Odisea 2001 y Tarkovsky en Solaris -películas que homenajea, vale la pena acotar-, pero que no logra conjugar tan bien como sus maestros al querer ser críptico y entendible al mismo tiempo. Con Intersetellar Nolan repite el error de la última película de su trilogía de Batman: una puesta en escena casi perfecta, pero cuyo guión posee incongruencias -a nivel dramático y científico- que terminan echando por tierra la credibilidad de algunos momentos de la trama.

Tal vez, el principal problema de Interstellar sea el de haberse hecho preguntas demasiado grandes para responder en una sola película, interrogantes que tal vez merecían otro tipo de historia para ser contestadas (o, siguiendo la onda de Kubrick y Tarkovsky, dejar que el espectador busque sus propias respuestas). Con todo y que es la película más densa de Nolan -tanto estética como narrativamente-, termina diluyéndose al simplificar demasiado las cuestiones que plantea (hasta el punto de hacernos sentir que la película se resuelve por Deus Ex Machina). Mientras que en Inception salimos con la cabeza hecha un lío preguntándonos qué es real y que no, en Interestelar salimos aturdidos luego de una complicada explicación científica intentando llenar los huecos de su argumento, dejando por fuera las cuestiones principales que la película plantea, pero que no termina de desarrollar (ni de excitar en la imaginación del público para que este termine de descubrir la historia que se esconde detrás del viaje espacial). Sin caer en spoilers, su final no posee la sutileza de Inception o Memento, decantándose por algo más clásico, políticamente hablando correcto y casi complaciente, restándole muchísima fuerza a una premisa que se abría para decenas de lecturas.

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A pesar de sus fallas, la música alucinante de Hans Zimmer (que por fin salió de su zona de confort), la fotografía -tanto en la tierra como en el espacio- y toda la propuesta estética de Nolan la elevan como su película -visualmente hablando- más poderosa. Por otro lado, el cast le suma muchísimos puntos, teniendo momentos épicos en pantalla cortesía de Anne Hathaway, Michael Cane, Casey Affleck, Jessica Chastian, Michael Cane y Matt Damon, aunque la intervención de la mayoría de ellos en la historia se queda corta, dejando al espectador un poco picado. Algo que tampoco hace mucho ruido gracias a que Matthew McConaughey termina acaparando por completo toda la atención del espectador, por su caracterización y las complejidades que envuelven a su personaje, dejando en un segundo plano a todo el resto del elenco.

Interestelar es de esta películas amor-odio a las que la publicidad ha terminado intoxicando. Los amantes de Nolan dicen que es la nueva Odisea 2001, sus detractores sostienen que es su peor película. Para mí, ni lo uno ni lo otro: no es su mejor película, pero si la más fuerte a nivel visual; no es Kubrick, pero si es de los grandes films de ciencia ficción del cine contemporáneo gracias a su puesta en escena; lo mejor es ir a verla sin ningún tipo de sugestión ni fanatismos y disfrutarla como la experiencia que es. Lo importante es que, independientemente de la postura de la crítica, Nolan logró, una vez más, hacernos pensar y eso ya es algo de lo que pocos realizadores pueden ufanarse hoy en día. Sólo queda esperar que su próxima película regrese a sus raíces narrativas, dejando a un lado la intoxicación estética y, por ende, la complacencia con los estudios. Queremos de Nolan más películas como Following, Memento o Inception: films que traen más preguntas que respuestas, algo en lo que Nolan es especialista cuando se lo propone.

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Lo bueno: la propuesta visual en el espacio es alucinante. Matthew McConaughey, como siempre, se roba el show. La música de Hans Zimmer le suma muchísimo a la puesta en escena. Todos los guiños a Kubrick y Tarkovsky. Su premisa es sencilla, pero interesante.

Lo malo: la primera media hora es lenta y no terminas de creer del todo el universo narrativo que plantea. Algunos diálogos son demasiado expositivos o poco reales. Los huecos dentro de la trama agujerean todo el basamento científico que la sostiene. El epílogo queda flojo.

A continuación vea el trailer:

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