Hostilidad de la calle a los hospitales

Crédito de imágenes: AVN
Hospital

Miedo y molestia son los sentimientos predominantes cuando recuerda lo que le ocurrió. El no sentirse completamente segura en su ámbito laboral le ha generado disgustos personales. Es residente de segundo año de cirugía en un hospital ubicado al este de la ciudad capitalina y hace menos de dos meses fue agredida por los familiares de un hombre que estaba internado en el área de hospitalización. Por cuestiones de seguridad prefirió reservar su identidad.

En los últimos años la agresión, no solo hacia los médicos sino hacia todo el personal de salud, ha ido en aumento. El presidente de la Federación Médica Venezolana (FMV), Douglas León Natera, señaló que desde hace unos 15 años el respeto mutuo que existía entre los prestadores de este servicio y los pacientes se ha perdido. El comportamiento hostil del venezolano también ha afectado a los centro asistenciales.

Vivirlo en carne propia

Fue un domingo de agosto en horas de la mañana cuando la doctora le informó a un paciente que la herida que tenía después de una operación por impacto de bala, podía abrirse en un lugar donde había falta de cicatrización. Le dijo cuál sería el procedimiento a seguir en ese caso.

En ese momento, el hombre se levantó de la cama y la piel se separó allí donde no había cicatrizado por completo. Sus familiares inmediatamente se preocuparon y empezaron a gritarle.

La acusaron de “negligencia e ignorancia médica”. Ella intentó hacerlos entrar en razón y continuó explicando. Recordó que cuando empezaba su postgrado le habían recomendado que en este tipo de situaciones lo mejor era hacerse entender o simplemente retirarse. “Te advierten que es un público difícil, que la mayoría son personas que tienen demasiados conflictos sociales y que vienen con cierto grado de hostilidad hacia a ti”.

Como los allegados de la persona a la que estaba tratando no quisieron escuchar lo que tenía que decir, decidió irse. “Voy a cobrar justicia con mis propias manos si mi hermano se complica. No te irás del hospital hasta que me asegure de que estará bien”, fue lo que le dijo uno de ellos.

Sus superiores hablaron con los parientes pero estos no quisieron razonar y continuaron amenazando. “Tuvo que intervenir el equipo de seguridad del recinto y la Policía de Miranda, incluso me mandaron a retirarme ese día y no reincorporarme a mis labores hasta que saliera de alta el paciente, para garantizar mi seguridad”.

Los oficiales que intercedieron la escoltaron hasta su casa. Días después el paciente se complicó por otras causas y sus acompañantes exigieron respuestas y que ella “diera la cara”.

Volvió a su rutina habitual cuando todo se calmó. Los allegados habían logrado entender que la situación no era culpa de la residente después de asesorarse con otros galenos ajenos al lugar. La justificación a sus acciones había sido el estrés.

Si bien su integridad física no se vio comprometida, la sensación amarga aún permanece. Tuvo que ir a la Fiscalía y denunciar el hecho. Al principio sintió miedo, pero luego la molestia fue lo que predominó.

Cuando decidí estudiar esta carrera no pensé en estar en situaciones así, jamás. No pensé en tener que ir a denunciar a nadie. Lo que pienso todos los días es ir a trabajar y ayudar a los pacientes para que se mejoren. Todo esto es muy desagradable.

“La agresividad de la calle llegó al hospital”

Así lo aseguró el presidente de la FMV, quien también añadió que la excepción se ha convertido en una norma. Para él, cuando antes estas circunstancias ocurrían esporádicamente, ahora se han convertido en algo rutinario que ha causado miedo en el personal.

En su opinión, todos los que trabajan en el sistema de salud están expuestos a cualquier hecho violento, física o verbalmente, y al menos 80% han sido agredidos de forma verbal, lo que ha generado una actitud de defensa por parte de los galenos y ha abierto la puerta a una hostilidad mutua.

La residente de cirugía testificó que en ocasiones anteriores fue agredida verbalmente y que este comportamiento se ha convertido en una constante en su entorno laboral y en otros recintos de salud. “Está pasando algo con la seguridad en los hospitales y es grave porque no se está brindando, por lo menos, la seguridad mínima”, culminó.

Las soluciones parecen obvias. Ofrecer resguardo y reforzar no solo en las áreas comunes, sino en los lugares restringidos de los sanatorios donde también han ocurrido hechos violentos. La sensación desagradable que sienten muchos médicos al ir a su lugar de trabajo perdurará mientras sientan que su integridad puede ser amenazada.

Fuente: Andrea Vera Mondazzi


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