El manual de Manuel Carreño, padre de Teresa Carreño

Crédito de imágenes: Archivo
Manuel-Antonio-Carreño.C.

Por: Juan José Peralta

En 1853 el diplomático, músico y educador caraqueño, Manuel Antonio Carreño, publicó por entregas el Manual de urbanidad y buenas maneras para uso de la juventud de ambos sexos, obra que le valió gran reconocimiento y fama de tan amplia repercusión más allá de las fronteras que fue adoptado para las escuelas de primaria de España. Desde aquel mismo año también fue aprobado por otros países de habla hispana, aunque en las nuevas ediciones se suprimieron las referencias a Venezuela, para ampliar su cobertura.

La cita a la obra de Carreño se debe a que recientemente, en un programa de opinión de Globovisión un parlamentario del mismo apellido del autor del manual, entrevistado por Vladimir Villegas se expresó de tal forma irrespetuosa y soez, de requerir con urgencia una copia del instructivo, aunque no se sabe si tuviera la capacidad de aprovechar sus enseñanzas de urbanidad y buenas maneras.

Parece que el lenguaje inapropiado del parlamentario sorprendió al entrevistador quien no tuvo tiempo de mandar a comerciales para cortar el desaguisado o no lo quiso. Parece difícil que al diputado por Lara lo vuelvan a invitar a las cámaras de la TV, aunque haya leído el instructivo de buena conducta.

Indicaciones de enorme influencia en la sociedad culta venezolana por varias décadas y durante varias generaciones, el manual es rico en normas morales y religiosas así como de buenas maneras y urbanidad, de alta relevancia en el siglo XIX, obra anticuada y en desuso en este siglo desenfadado e informal, en un país de intolerancia y odios.

La importancia del manual estaba en el hecho de estar dirigido a la juventud en una época en la que la enseñanza era casi machista en exclusiva y para las clases más poderosas.

Manuel Antonio Carreño Muñoz nació en Caracas en 1812 y se destacó en la pedagogía y la diplomacia. Fundó el Colegio Roscio y se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores y luego de Hacienda en Venezuela, a quien la guerra federal hizo salir del país en 1862, para radicarse en Nueva York y después en París, donde se desempeñó como profesor de música. Fue padre de la afamada pianista y compositora caraqueña Teresa Carreño, a quien dedicó sus mayores enseñanzas.

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