Del incordio de escritores, erratas y correctores

Luego de la habitual reunión en Isla Caffe, regada con espressos, ristrettos, capuchinos y uno que otro carajillo, los miembros de la AEI, Asociación de Editores Indie–pendientes, logramos aceptarnos algunos manuscritos, muy pocos en verdad, que merezcan ser metamorfosearlos en libros.

Para los que no sepan, la palabra libro procede, de hecho, del latín “liber” que aludía a la corteza del árbol usada como el soporte de las tablillas de cera utilizadas para escribir cartas, notas o textos de corta extensión, el paso siguiente es elegir entre nuestros anagnostas (correctores) el maridaje ideal para el texto a trabajar.

Aquí nos encontramos ya con uno de los primeros choques entre editor y escritor.

¿Y es que necesito un corrector? Pero ¿eso no lo hace el Word?

Armados de paciencia, explicamos al autor…

El corrector de estilo verificará la ortografía, la correcta elección de los términos empleados, la conjugación de tiempos verbales, unificará criterios y evitará cacofonías y repeticiones innecesarias… Las faltas de ortografía son de los menos graves de los temas a corregir.

Aunque las comas, coma, pueden ser un dolor de cabeza, como bien escribe el insigne profesor universitario, Don Carlos Delgado. “Así, sin coma, “El quinto coño” debe ser bien lejos. Pero si tuviera la coma… “El quinto, coño” alude a la abundancia o a una sed tremenda”.

Aunque cotejar datos y fechas no sea propiamente la función de un corrector, su habilidad lectora y su ojo crítico le permitirá detectar errores en el argumento, hemos visto personajes que reviven capítulos más adelante, sin sea una de zombies, hay que trabajar por la coherencia global de la obra…pero si el texto es muy malo e incoherente, el corrector está en su derecho, de negarse, o exigir que le paguen mas para ser un escritor fantasma y rehacer la novela.

reading

Un amigo periodista y mi sobrina que es muy lectora, también lo revisaron…

Varios problemas ligados a la baja calidad editorial, tienen que ver con el desconocimiento de lo importante del trabajo de corrección. Hay quienes se consideran infalibles como escritores y optan por saltarse ese paso, mientras otros esperan que sea éste quien se ocupen hasta de terminar la novela, hay quienes dejan el trabajo de corrección, cuando el texto ya está maquetado sin tomar en cuenta que hacer cambios en ese momento alteran por completo la diagramación y crean nuevos problemas de ortotipografia.

El segundo problema tiene que ver con una equivocada valoración del trabajo de corrección, suelen recurrir a conocidos, a parientes que son lectores como si ese solo valor les otorgara la capacidad para afrontar el texto de manera crítica. O creer que después de sopotocientas lecturas y revisiones ya no hay errores, cuatro ojos ven más que uno, Sergio Parra, del blog Papel en blanco da en el blanco: “Nuestra mente, habituada a leer lo que ya hemos escrito, desarrolla una suerte de ceguera selectiva al error. ”

Los correctores decimos que las erratas son las últimas en abandonar el barco. La errata que se escapó, esa cucaracha invencible, le duele al corrector más que al propio autor. Carmen Palomo

De la cafeinada conversa con Jasón Maldonado, corrector, novelista, autor de Verde que me muero, conductor del programa Librería Sónica, y del blog Palabras y escombros, tomamos algunas anécdotas del oficio:

  1. En un par de ocasiones me han dicho “por favor, no puedo imaginar a mis padres haciendo el amor. Ayúdame con esa parte”. (Y pienso “nadie se imagina eso”)

  2. Una de la mañana: estar intrigado con cierta parte de la historia, tal vez porque te resulte inverosímil, y recibas la llamada del autor (a) a esa hora y aclares las dudas. Es lo que llamo conexión con el autor.

  3. Satisfacción: que te llame el autor, que además vive en otro país, y te diga “tienes razón, ajustemos como sugieres”.

  4. No somos infalibles, pero luchamos por ello.

  5. Lo peor 1: que corrijas un texto y no te paguen bajo el siguiente argumento: “pero eso lo pudo haber hecho cualquiera”.

  6. Un autor no quiso mis servicios porque buscaba alguien de “renombre, más reconocido”. Meses después al leer el libro, obviamente ya publicado, me impresionó la cantidad de errores de tipeo, sintácticos, gramaticales, etc. Supongo que este corrector “reconocido”, le dio el trabajo a otro o sencillamente no hizo nada.

  7. Lo peor 2: uno mismo como corrector no puede corregirse a sí mismo. Bien porque ya te sabes la historia y pasas de largo los detalles; bien por hastío de leerte a ti mismo.

Ernest Hemingway

Al parecer no solo París era una fiesta, sino también los hábitos ortográficos de Hemingway. Antes de ser famoso, el escritor estadounidense delegaba a sus editores el trabajo de corregir todos los errores ortográficos y de gramática. Ellos lo hacían, pero a regañadientes, pues frecuentemente se quejaban y le aconsejaban que se esforzara un poco más; él simplemente respondía: «Pero si para eso les pagan».

Seguramente este texto saldrá con erratas pero Jasón Maldonado se negó a corregirlo con un NO rotundo, aduciendo que tendría que rehacerlo de nuevo.

Te interesaría

Lo más leído

Indicadores

SimadiBs.199,84
SicadBs.13,50
CencoexBs.6,30
EuroBs.7,46
Bono Soberano$93.292016
Bono Pdvsa$77.142016
Texas$40,89
Brent$44,18
Venezuela$34,46
Opep$38,45

Globovisión Radio