Del hiperliderazgo a la hipersensibilidad

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El 18 de junio de 2009, el Centro Internacional Miranda (CIM) desarrolló un evento denominado “Intelectuales, Democracia y Socialismo” donde se discutieron muchos temas de interés para el futuro del proceso revolucionario. Sin embargo, el tema que mayor impacto comunicacional tuvo, fue el planteado por el maestro Juan Carlos Monedero cuando advirtió que uno de los principales problemas que ya se advertía en aquel momento era el “hiperliderazgo”.

A pesar de la reacción de algunos actores políticos que llegaron a declaran que ese fue un encuentro de “habladores de paja”, dos años después, en el programa de Ernesto Villegas en las mañanas por VTV, el mismo presidente Chávez hizo un contacto telefónico, y ante el invitado (Juan Carlos Monedero) reconoció que el hiperliderazgo era un problema a superar dentro de la revolución.

Hoy, esos mismos actores que en su momento señalaron que hablar de hiperliderazgo era de “habladores de paja”, sufren de “hipersensibilidad” ante las críticas, que desde el chavismo de base, desde el pueblo en la calle, se hacen ante la conducción del proceso revolucionario.

Pero el asunto no queda ahí, porque si la “hipersensibilidad” es un problema, la verdad es que no es exclusivo de las cúpulas del gobierno, sino también de la oposición. Una oposición cuyas cúpulas no quieren escuchar a sus bases, y que cualquier crítica de alguno de sus actores políticos es condenada al punto de pedir su destitución. Esto se ilustra claramente con lo sucedido con Ramón José Medina, subsecretario de la MUD.

Ramón José Medina, subestimando el impacto de unas declaraciones dadas en un nuevo canal venezolano por internet llamado Vivo Play, ratificó lo que el pueblo sabe: Leopoldo López tenía como fetiche lograr ser apresado para victimizarse y sobre ello repuntar su liderazgo dentro de la oposición para así desplazar a Capriles del liderato de una oposición fragmentada y debilitada.

Por sólo afirmar esta verdad que todo el mundo cometa en la calle, de inmediato la arremetida contra Ramón José Medina fue tan brutal, que no sólo fue solicitada su destitución sino que fue forzado a pedir disculpas públicas, pero ya el agua estaba derramada sobre la mesa.

La oposición pretendió sobre las reacciones de la cúpula gubernamental en torno a la carta de ex ministro Giordani y las del miembro de la Dirección Nacional del PSUV y ex ministro Navarro, señalar el autoritarismo del chavismo, pero ellos ante un episodio de crítica interna han reaccionado en la misma o peor dimensión de lo que critican.

Todo esto evidencia una sola cosa: existe una crisis dentro de las élites políticas, que se encuentran desconectadas de la realidad del pueblo, ausentes de una interpretación adecuada de lo que el soberano sufre y demanda. No tengo ninguna duda que sólo desde la izquierda, y reivindicando al chavismo las alternativas políticas emergerán, pero hoy esto que parece tan elemental no es así, ni para quienes tienen la responsabilidad del legado de Chávez, ni para quienes quieran adversar este legado.

Es por ello que el debate y la crítica apenas comienzan. Quienes piensen simplistamente que el asunto se resuelve con una “salida” o con una “crítica bien formulada”, se equivocan. En Venezuela las cosas siempre se han resuelta con quienes tienen mayor movilización popular y militar. Por lo que el trayecto es largo, pero venturosa para quien comprenda y asuma que nuestro pueblo es revolucionario, evocador de transformaciones radicales ante las crisis.

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