Corpus Christi: cuando el maestro se pone viejo

COR.CHR.AFICHE

Por: Luis Bond

Sin lugar a dudas, César Bolívar fue durante muchísimo tiempo de la primera camada de grandes directores que tuvimos en Venezuela. Él, junto con personajes como Roman Chalbaud, Diego Rísquez, Alfredo Anzola, Clemente de la Cerda, entre otros, fueron los primeros en moldear nuestra estética cinematográfica como venezolanos. Bolívar se dedicó a través del thriller policial a exorcizar en pantalla lo que éramos como país, a desnudar a la sociedad venezolana, a mostrarnos esa otra realidad llena de crímenes sórdidos, poderes corruptos y demás. No es casualidad que sus películas siempre fueron bien recibidas por el público (ejemplos como Homicidio culposo que hasta hace poco había sido la película más taquillera de nuestra historia o Domingo de resurrección, un clásico de la comedia venezolana que todavía nos hace reír), films llenos de contenido estético y dramático que hasta el sol de hoy se pueden revisitar y permanecen incólumes. Lastimosamente, el tiempo no ha sido tan benevolente con sus trabajos recientes y la filmografía actual de Bolívar (al igual que muchos de sus contemporáneos) no está a la altura de sus obras pasadas. El debacle que comenzó con su penúltimo largometraje Muerte en alto contraste (que rodó después de 12 años de ausencia en la gran pantalla) y sigue con su película más reciente Corpus Christi.

La hueva película de Bolívar cuenta la historia de Milton Ventura (Carlos Cruz), un policía ataviado como si fuese Indiana Jones (sin látigo) que huye a un pueblo en el interior del país llamado Corpus Christi para escapar de una pareja de antisociales que lo buscan para matarlo. Al llegar al sitio descubrimos que Milton es persona non grata y que de inmediato debe investigar un asesinato del cual su hermano (con quien tiene una pésima relación) es culpado. En paralelo, conocemos parte de su pasado -incluyendo a su hija-, asistimos a la dinámica de un pueblo que lucha por mantener la tradición de los Diablos danzantes y a una trama de corrupción y crímenes donde la iglesia, el gobierno y los interés personales se transforman en una sola cosa. Todo esto adornado con un aura de misticismo y thriller policial en una historia en la que Milton no sólo deberá resolver un crimen sino también obtener la redención por un pasado del que ya no puede escapar. Lastimosamente, su sinopsis suena muchísimo mejor que el resultado final del film que termina pareciendo un episodio de Archivo criminal (tanto en su estética como en su guión).

Aunque su premisa pareciera vender uno de los éxitos de César Bolívar en los años 80, Corpus Christi dista mucho de parecerse a las películas anteriores del director. Su historia daba para algo lleno de magia y suspenso, pero la película tiene de todo menos esto. Por momentos pareciera una suerte de parodia de cualquier libro de Dan Brown (El código Da Vinci, Ángeles y demonios) ambientada en el tercer mundo y con secuencias completamente absurdas (carros que se van por barrancos y explotan de la nada, acciones sin justificación dramática coherente, descubrimientos insólitos que hacen reír al espectador, entre otros defectos). Carlos Cruz es uno de los actores contemporáneos que más respeto y, a pesar de todo el corazón que coloca en su personaje, su esfuerzo se diluye gracias a una historia que no se sostiene por sí misma y que termina devorando a todo el cast (actores clásicos de la televisión que parecen encarnar personajes secundarios de novelas). Curiosamente, los nuevos talentos -llenos de espontaneidad- parecen ser de los pocos que salen airosos de un guión que no se sostiene; sus diálogos aportan frescura a una historia acartonada y llena de convenciones mal exploradas. Una verdadera pena por todo el cast de la película y por un director de cine tan importante como César Bolívar, pareciera que tanto tiempo sin hacer cine (y demasiado tiempo trabajando en televisión) lo desconectó por completo de la narrativa cinematográfica actual. Esperemos que en su próximo film entienda que, aunque nuestro país sigue siendo muy parecido al que denunciaba en los 80, el discurso y la estética cinematográfica ha cambiado muchísimo.

Lo bueno: la actuación de Carlos Cruz y algunos personajes secundarios. La premisa permitía conocer una parte de nuestra cultura llena de magia y tradición, pero le quedó demasiado grande al tratamiento de la historia. Las escenas oníricas y la del bautizo están bonitas.

Lo malo: su puesta en escena de telenovela (tanto en la Dirección como en el Guión), sientes que estás viendo un seriado de los 80. La música con motivos repetitivos y apariciones fuera de lugar termina distrayendo más que aportando al film. Su happy ending está lleno de cabos sueltos.

 

Fuente de Imagen: Luis Bond

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