Corazones de hierro: los horrores de la guerra

Crédito de imágenes: Luis Bond
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Por Luis Bond / @luisbond009

El cine bélico es un género con grandes exponentes dentro de la historia del séptimo arte. Sea por lo complicado de su producción o por la diversidad de enfoques que permite a las historias, que se desarrollan en la guerra, atraer al público y a los realizadores por igual.

Muchas veces, pareciera que este tipo de films sirviera para exorcizar los fantasmas que todavía acosan a nuestra sociedad cuando se pone sobre el tapete el tema de la guerra, como una suerte de recordatorio de todos esos horrores que nadie quiere volver a vivir.

Paradójicamente, a pesar de lo visceral que puede ser, muchos de los hitos de la historia del cine están enmarcados en este género, películas como Pelotón, Nacido para matar, Apocalipsis ahora, La delgada línea roja, Salvando al soldado Ryan, La caída del halcón negro o Soldado anónimo, largometrajes donde se exploran los demonios que habitan en el campo de batalla, los héroes (o antihéroes) que se forjan en él y, sobre todas las cosas, lo mejor y lo peor de nuestra condición como seres humanos.

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Impregnada por todas las referencias antes citada llega a la cartelera Corazones de hierro (Fury), una historia que pretende retratar la crueldad de la Segunda Guerra Mundial, pero desde el punto de vista de los combatientes, los grandes héroes y víctimas de los conflictos bélicos.

Corazones de hierro se desarrolla hacía el final de la Segunda Guerra Mundial. Allí conocemos a Norman Ellison (Logan Lerman), un joven sensible y recién reclutado, que termina prestando servicio en el tanque Fury, uno de los bastiones de la resistencia al mando del estoico Teniente Don Wardaddy Collier (Brad Pitt).

Don tiene bajo su cargo a varios soldados duros y heterogéneos: Trini Gordo García (Michael Peña), un latino curtido en el campo de batalla, Boyd Bible Swan (Shia LaBeouf), un soldado que consiguió la paz en Dios y Grady Coon-Ass Travis (Jon Bernthal), un veterano de guerra violento y desadaptado. Aunque todos luchan por el mismo fin -mantenerse vivos y exterminar a los nazis-, cada uno lo hace desde su sistema de valores, aspiraciones y sueños, haciendo del tanque Fury un equipo bastante peculiar.

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Don y sus subalternos contrastan por completo con la inocencia del joven Norman, quien conocerá de primera mano la muerte en el campo de batalla cuando deba ir al frente a luchar junto con sus compañeros. Gracias a esto Norman vivirá momentos muy rudos que lo harán madurar y descubrir que detrás de la dura coraza de sus compañeros hay afectos que la guerra ha fortalecido, una suerte de camaradería que les permite sobrellevar la pesadilla que viven.

Hemos visto en la gran pantalla, tanto en materia bélica (sobre todo acerca de la Segunda Guerra Mundial) que intentar tocar el tema sin caer en lugares comunes parece imposible. Corazones de hierro sortea las convenciones de su género con personalidad, manteniendo el equilibrio entre el horror y la poesía en su puesta en escena (algo bastante complicado y que pocas películas han logrado).

Su Director y Guionista David Ayer (el mismo escritor de películas duras como Día de entrenamiento y Director de End of Watch y Street Kings), ha explorado en toda su filmografía la violencia y la dinámica que existe entre los representantes de la ley y los horrores que deben presenciar (y hacer) para cumplirla.

Disyuntivas que, sin caer en maniqueismos, se ven planteadas en Corazones de hierro de manera cruda, pero sin que esto eclipse su belleza visual y narrativa. De hecho, gran parte del film está lleno de momentos contemplativos, alejándola de sus homólogas que se decantan más por la acción a la hora de mostrar la guerra. Podría decirse que es una película casi intimista, minimalista, donde poco se dice, pero muchísimo ocurre dentro del corazón de los personajes (que, a pesar de su rudeza, se ganan nuestro cariño en los primeros minutos, evitando los clichés y mostrándonos lo mejor y peor de su naturaleza).

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Es en este torbellino de violencia, poesía y personajes complejos donde radica la fuerza expresiva de David Ayer, quien nos pinta la guerra sin adornitos ni medias tintas, pero evitando caer en lo burdo. Gracias a esto, Corazones de hierro se sitúa en lo mejor del género bélico contemporáneo y entra por la puerta grande del cine para arrancar con buen pie la cartelera del 2015.

Lo mejor: las actuaciones de Brad Pitt, Shia LaBeouf y Logan Lerman. Toda la violencia y crueldad de la guerra en pantalla sin caer en lo gore. Su ausencia de diálogos y la poética de su imagen. Su edición sosegada y que mantiene un ritmo in crescendo sin ser efectista.

Lo malo: puede ser demasiado cruda para los estómagos sensibles. Aunque es algo tonto, los disparos en el campo de batalla parecen rayos láser de colores, cosa que desconcierta al público. Aunque termina redonda, su final te saca de la sala de cine con un sabor amargo en la boca.

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