Chappie: cuando metafísica y tecnología se unen

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Por: Luis Bond // @luisbond009

La ciencia ficción es uno de los géneros que más adeptos ha tenido en la literatura y el cine. Soñar con el futuro, la conquista espacial, vida en otros planetas y tecnología de punta cautivó la mente de todos los lectores de Julio Verne y H.G. Wells. Pasó el tiempo y escritores como Philip K. Dick, Ray Bradbury, Isaac Asimov, entre otros, cambiaron por completo las reglas del juego, utilizando las convenciones de la ciencia ficción para explorar la psique humana y colocar sobre la palestra cuestiones de índole filosófico con sus historias. Ellos redefineron lo que debería ser el género: más allá de maravillarnos con un futuro cercano, exploraron las angustias del hombre moderno con la posible solución a sus preguntas metafísicas. En su literatura nos hicieron reflexionar acerca de las bondades y peligros de la tecnología y de nuestra postura frente a ella. Una tarea complicada pues encierra una doble y profunda lectura, algo que sólo los grandes exponentes de la ciencia ficción logran. Es aquí donde podemos enmarcar la ópera prima de Neil Blomkamp Distrito 9 y su más reciente película Chappie, una historia que esconde detrás de la ternura de un robot, humor negro y secuencias de acción dilemas filosóficos que pocas veces el cine comercial nos plantea.

Ambientada en un futuro no muy lejano, Chappie cuenta cómo el científico Deon Wilson (Dev Patel) desarrolla una línea de robots para apoyar a la policía en el control del crimen. Un experimento que ha sido exitoso y que genera la envidia de su compañero de trabajo Vincent Moore (Hugh Jackman), quien desconfía por completo de los robots y desea cambiarlos por máquinas operadas por hombres. A pesar de la aceptación de su programa, Wilson realmente anhela algo más: crear el primer robot con conciencia de sí mismo, la verdadera inteligencia artificial… algo en lo que su jefa Michelle Bradley (Sigourney Weaver) no está interesada y que horroriza a Vincent por su formación católica. En paralelo, conocemos a Yo-Landi y Ninja, dos antisociales metidos en problemas que necesitan muchísimo dinero para saldar sus deudas con la mafia. Por vueltas del destino, Wilson instalará en un robot defectuoso su programa de inteligencia artificial y este irá a parar a manos de los antisociales, transformándose los 3 en los padres y responsables del desarrollo de la conciencia de este robot llamado Chappie (Sharlto Copley). Mientras que Wilson quiere que su creación explore su sensibilidad artística e intelectual, Ninja desea transformarlo en un antisocial despiadado y Yo-Landi -en plan maternal- intenta inculcarle valores y cuidarlo. Una mezcla extraña que hará de Chappie un ser excepcional. Lo que Wilson ignora es que su creación cambiará por siempre el mundo de la robótica, desatando una cacería implacable sobre él y todos sus aliados.

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A primera vista, Chappie parece una película de ciencia ficción como cualquier otra. Su argumento y puesta en escena toma mucho de sus homólogas inmediatas (Robocop, Wall-E, Terminator 2, Blade Runner, Inteligencia artificial, El hombre bicentenario, Corto circuito, entre otras), referencias que Blomkamp coloca a la vista de todos, orgulloso de ellas. Lo que la hace interesante es observar la mezcla que realiza con ellas, un cocktail a lo Tarantino donde todo se une a la perfección para traernos algo nuevo y a la vez lleno de nostalgia. Por un lado, salta a la vista su aspecto visual cool-underground, como si se tratara de un video de Die Antwoord, pero retratado con la estética documental de Distrito 9 y secuencias de acción a lo Spielberg; un futuro sucio y con una tecnología cruda con visos del steam-punk. Esto seduce a primera vista, pero lo que realmente se roba el show es la triada armada con Chappie (una suerte de niño pequeño e inocente atrapado en cuerpo adulto) y la dupla de maleantes-amigables de Yo-Landi y Ninja: ellos son el corazón de la historia y el gancho que cautiva el corazón de la audiencia. Dev Patel, por otro lado, va y viene en un papel medio cliché de científico nerd, pero que se salva gracias a su carisma. Del lado de los antagonistas, Hugh Jackman no está mal como militar y fanático religioso, aunque queda flojo frente al secundario Brandon Auret en su papel de Hippo (un antisocial de verdad, titánico y lleno de maldad). Por último, la fotografía, arte y montaje ponen la guinda, dándole un empaque renovado a nivel visual-narrativo a la clásica historia de viaje del héroe.

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Más allá de su guión o su estética, lo que hace de Chappie una película interesante es el planteamiento de un dilema pocas veces trabajado en el cine con tal filigrana: ¿qué pasará cuando el hombre sea superado por su creación?, ¿será este el siguiente paso evolutivo?. Una pregunta complicada y cuyas respuestas cinematográficas muchas veces caen en lo binario o lo extremadamente denso. El éxito de Blomkamp (y su co-guionista Terri Tatchel, responsable también de Distrito 9) radica en plantearnos estos dilemas filosóficos (netamente humanos) a través de un robot. Chappie comienza como un ser indefenso, encontrándose de frente a lo mejor y lo peor de la raza humana. En su travesía se cuestiona las mismas cosas que cualquiera de nosotros: ¿cuál es mi propósito en la vida?, ¿qué es la muerte?, ¿qué es el alma?, ¿qué es el bien y qué es el mal?, entre otras. Preguntas que se exponen con maestría en un par de escenas donde descubrimos que Chappie parece más de carne y hueso que todos los que están a su alrededor. Sin caer en spoilers, la película encierra en su desarrollo y resolución debates entre religión y tecnología, metafísica y psicología que pican y se extienden más allá de la proyección y nos acompañan fuera de la sala de cine. Algo que siempre se agradece como espectadores y que elevan a Chappie muy por encima de sus posibles homólogas contemporáneas (como la fallida Identidad virtual o la carismática Grandes héroes).

Al igual que en Distrito 9, Blomkamp nos hace pensar una vez más en lo que parece su tema favorito: el otro y cómo ese otro es más parecido a nosotros de lo que pensamos. Cómo ese otro tiene algo que enseñarnos si dejamos a un lado nuestros prejuicios. Chappie es de esas películas que te dejan pensando más allá de lo que nos depara el futuro: ¿hasta que punto el ser humano está consciente de sí mismo?, ¿qué es lo que nos hace humanos? O una reflexión parecida a la que cierra Terminator 2: simpático una máquina aprendió el valor de la vida… ¿nosotros también podremos?

Lo mejor: Sharlto Copley dándole vida a Chappie. Ninja y Yo-Landi se roban el show. Brandon Auret en plan antagonista. Todas las referencias de la cultura pop y el cine de ciencia ficción. Las múltiples lecturas filosóficas que esconde. La banda sonora. Su humor negro.

Lo malo: la venden como una película de acción cuando es algo que va mucho más allá de eso. El papel de Sigourney Weaver es casi ornamental. Dev Patel haciendo una vez más el papel de chico simpático e ingenuo de ¿Quién quiere ser millonario?.

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