Bajo la misma estrella: más allá de la enfermedad

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Por Luis Bond / @luisbond009

El cáncer es una enfermedad muy ruda y extremadamente difícil de retratar en la gran pantalla. Pareciera que la única cara que pudiese tener es la típica imagen de una persona calva, sufriendo los estragos de la quimioterapia y medio desahuciada en una cama. Retrato que hemos visto decenas de veces y que por su crudeza siempre nos impacta, aunque dramáticamente hablando sea harto repetida (y, muchas veces, caiga en el cliché).

Es por esta razón que cualquier otra aproximación al tema llama poderosamente la atención, sobre todo cuando se cambia la típica perspectiva de una persona mayor y enferma sufre y se intenta recrear el otro punto de vista que tiene el cáncer: el de las personas jóvenes que lo sufren sin una explicación lógica posible.

De las películas contemporáneas que han sabido llevar este tema de forma original tenemos la tragicomedia 50/50, donde, al igual que el título, pasas la mitad de la película riéndote y la otra mitad llorando. También en esta línea -y salvando las distancias- podemos enmarcar Bajo la misma estrella (The Fault in Our Stars), una historia que mezcla el romance juvenil con la dura realidad del cáncer, dando como resultado una combinación interesante y que la eleva por encima de cualquier otro chick-flick en la cartelera actual.

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Basada en el best-seller homónimo de John Green, Bajo la misma estrella cuenta la historia de Hazel (Shailene Woodley), una adolescente que desde muy temprana edad sufrió de cáncer en el pulmón lo que la condenó a vivir con una bombona de oxígeno de por vida y con el temor de tener en cualquier momento una recaída. Hazel, como cualquier chica de su edad, está frustrada por su precaria condición, condenada a estar en su casa y esperando lentamente que sus días terminen, sin poder ir a la universidad, salir con chicos o tener amigos normales.

Un buen día, su madre (Laura Dern) la obliga a entrar en un club de apoyo para personas que sufren de cáncer, un grupo vario pinto donde adolescentes y adultos comparten sus miedos y experiencias. Hazel, fastidiada, asiste a regañadientes hasta que un día aparece un nuevo miembro en el club: August (Ansel Elgort), un chico que superó la enfermedad y que desde su primer encuentro le llama poderosamente la atención. Así, nace el romance entre el chico y la chica con el atenuante que todos podrán imaginarse: el tiempo no juega a su favor. A pesar de sus limitaciones, Hazel y August viven un romance de ensueño, demostrando que la enfermedad es apenas una condición en la vida de las personas que la padecen y no un todo que deba condicionar lo que sienten.

Si bien es cierto que su póster anuncia un chick-flick como cualquier otro, Bajo la misma estrella dista mucho de serlo. Más allá de toda la fiebre que ha desatado el libro en las adolescentes y las escenas cursis -que cualquier película del género demanda-, el largometraje se salva gracias a la pericia de sus Guionistas (Scott Neustadter y Michael H. Weber, responsables de 500 Días con Summer y The Spectacular Now) y de un tratamiento estético interesante por parte de su Director Josh Boone.

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Este trío sabe bien cómo contar una historia romántica, evitando los clichés, afrontando los momentos cursis sin saturarnos y llevando el drama en las dosis justas para arrancar lágrimas, pero sin abusar. De esta forma, Bajo la misma estrella, aunque hace llorar, nunca cae por la vía fácil de la lastima o del drama desgarrador. Al contrario, sus mejores momentos son cortesía de los diálogos inteligentes y de la química que destilan sus protagonistas (fortaleza que explota el Director, dejando que la magia ocurra frente a cámara y sabiendo cuando apoyarla con preciosismos estéticos). Una mirada interesante al cáncer y, al margen de la enfermedad, una historia de amor pura entre jóvenes que desean vivir al máximo sus vidas y que deja con su sabor agridulce al salir de la sala de cine por su sinceridad.

Lo mejor: los momentos con sentido del humor políticamente hablando incorrecto (recordando un poco 50/50). La química entre la Shailene Woodley y Ansel Elgort. A pesar de la historia ruda, pocas veces cae en el melodrama lacrimoso. El pequeño papel de Willem Dafoe.

Lo malo: si viste Divergente perturba que la pareja protagónica -que eran hermanos en esa película- ahora sean novios. Por el póster, muchos pensarán que se trata de otra película para adolescentes cuando va más allá de eso. A veces raya en lo cursi.

A continuación vea el trailer:

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