Ant-Man: Hombre hormiga. Héroe pequeño, grandes aventuras

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Por Luis Bond / @luisbond009

Los héroes son reflejos de su época. Personajes como Capitán América o Superman nos hablan entre líneas de la historia de Estados Unidos mejor que muchas películas patrióticas. No es casualidad que muchos de estos adalides de la justicia se hayan transformado en símbolos de esperanza y ejemplo a seguir para la nación norteamericana, exorcizando en sus aventuras los miedos ocultos de la sociedad en la que se desarrollan. Batman nos presenta la paranoia de los ciudadanos indefensos frente a las instituciones corruptas que rigen las ciudades y la ineficiencia de la policía en controlar la delincuencia desmedida. Spiderman nos conecta con la transición de la adolescencia a la adultez y las responsabilidades que vienen con este cambio. Iron Man nos advierte de los riesgos de la tecnología en las manos equivocadas. Capitán América retrata la neurosis de las teorías conspirativas, demostrando que ni el mejor servicio secreto está exento de los inside job. Claro está, más allá de su dimensión mitológica y subtexto social, los héroes tienen un atractivo principal: sus poderes. Son precisamente estos el primer punto de conexión de ellos con el público. Es por eso que llevar a la gran pantalla a un personaje como Ant-Man parecía una locura: un héroe cuyas habilidades especiales son reducirse de tamaño y comunicarse con insectos parece algo ridículo al lado del indestructible Hulk o el dios Thor. Por supuesto, Marvel sabe bien lo que hace y contra todo pronóstico, Ant-Man: Hombre hormiga (Ant-Man), resultó ser una de las sorpresas más gratas en la filmografía de este estudio.

Ant-Man: Hombre hormiga comienza presentándonos al Dr. Hank Pym (Michael Douglas), un científico multimillonario creador de un suero y un traje capaz de encoger a una persona hasta el tamaño de una hormiga otorgándole súper fuerza y la capacidad de manipular insectos. Por su avanzada edad, Dr. Pym dejó su imperio en las manos de su protegido Darren Cross (Corey Stoll) y su hija Hope van Dyne (Evangeline Lilly) -con la que tiene una pésima relación. Los problemas de Dr. Pym comienzan cuando su heredero se obsesiona en replicar sus experimentos con fines oscuros, tornándose en su contra. En paralelo, conocemos la vida de Scott Lang (Paul Rudd), un ladrón de buen corazón que acaba de salir de prisión y desea regenerarse para recuperar su relación con su pequeña hija. Dr. Pym contactará a Scott para que se redima de su vida criminal y se transforme en el nuevo Ant-Man y así evitar que Darren Cross construya un arma de destrucción masiva y ponga en peligro al mundo.

Lo primero que distingue a Ant-Man: Hombre hormiga de las otras historias de Marvel es su humor. Desde la primera escena, hasta la última, la película de Peyton Reed nos hace reír a carcajadas, demostrándonos que no tenemos que tomarnos muy en serio todo lo que sucede. Un registro que se mantiene en sus actuaciones, diálogos y escenas de acción. Gran parte de este acierto se lo debemos a la amplia experiencia de Paul Rudd haciendo comedia y la otra al genio de Edgar Wright (Shaun of the Death, Hot Fuzz, Scott Pilgrim) detrás del guión junto con Joe Cornish, Adam McKay y hasta el mismo Paul Rudd. Un cocktail que da como resultado una película llena de humor y acción en todo momento y que jamás deja de divertir. Por otro lado, Paul Rudd y Michael Douglas conforman una dupla genial, el primero como aprendiz torpe y el segundo como mentor obstinado, haciendo que sus desacuerdos constantes se roben nuestra simpatía (y lo mismo sucede con los amigos de Scott que en sus pocas apariciones se roban el show con su caracterización). Lo que pone la guinda son los super poderes de Ant-Man que, aunque no lo aparenten, tienen tantos usos y alcances que fácilmente podrían medirse con los de cualquier otro héroe del universo de Marvel.

Ant-Man: Hombre hormiga es de las mejores apuestas de Marvel, una sorpresa genial que fácilmente puede homologar con Guardianes de la Galaxia (mi película favorita del estudio). Después de toda la solemnidad de Avengers: Era de Ultron y la oscuridad que viene en Civil War, Ant-Man: Hombre hormiga es una bocanada de aire fresco. Paul Rudd es de los mejores héroes que pudo sumarse Marvel a su equipo (tanto por su carisma, como por las posibilidades que traen sus poderes a su mitología). Películas como estas inyectan vida al estudio y renuevan las conexiones con los fans ansiosos de ver en la gran pantalla aventuras diferentes a las que están acostumbrados a disfrutar, evitando que las franquicias se quemen en la eterna repetición de convenciones y conflictos. Más riesgos como Ant-Man: Hombre hormiga pueden ser la solución para que el cine de super héroes se renueve y siga manteniéndose en la gran pantalla.

Lo bueno: su humor y conciencia auto-paródica. La dupla Paul Rudd y Michael Douglas. Las referencias del universo de Marvel. La escena post-créditos finales dejará a los fans boquiabiertos. Sus personajes secundarios entrañables. Las escenas de acción llenas de comedia.

Lo malo: el trailer no le hace justicia. Aunque no está mal, el personaje de Evangeline Lilly está un poco flojo. Su antagonista es unidimensional y sin ningún tipo de carisma. Siempre queda la duda de qué pasaría si Edgar Wright hubiese tenido 100% libertad creativa en el proyecto.

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