Amores peligrosos: La otra cara del narcotráfico

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Por: Luis Bond // @luisbond009

Desde hace unos cuantos años, Colombia ha venido llevando la batuta de los dramáticos en la televisión. Dejando atrás éxitos como Betty la fea o Pedro el escamoso, la hermana República ha sabido comercializar bastante bien el lado oscuro de su país: el narcotráfico. Lo que otrora era una especie de tema tabú o mancha en la historia de la nación, hoy en día se ha convertido en una mina de oro en la producción de series. Pablo Escobar, El capo, son sólo grandes ejemplos de la fascinación que logra en el público el acercamiento a este tipo de historias donde el poder, la corrupción, la violencia y excesos hacen de las suyas. Al mejor estilo de Scorsese, Coppola o Tarantino, los realizadores humanizan a los delincuentes que tanto pintaba la prensa como monstruos desalmados, ahora dotándolos de tribulaciones, pasiones y demás características que les han permitido robarse la simpatía del público en la pantalla chica. Todo esto enmarcado en una súper producción llena de acción, explosiones, disparos y demás efectos especiales que no tienen nada que envidiarle a cualquier serie norteamericana. Inscrita en esta tradición, encontramos la nueva producción colombo-venezolana: Amores peligrosos. Una película que parece una suerte de spin-off de cualquiera de las series antes mencionadas, pero que toma un camino bastante diferente, dotándola de un mirada particular.

Separándose de sus referentes más cercanos, Amores peligrosos no asume el típico punto de vista de los narcotraficantes, la historia busca relatar la otra cara de este peligroso mundo: el de las mujeres que habitan en él. De esta forma, la figura femenina deja de ser un simple accesorio que el hombre con poder utiliza para satisfacer sus deseos, para transformarse en un personaje más humanizado. De esta forma, conocemos mejor las razones que hicieron que muchas mujeres cayeran en las redes de un mundo donde la muerte parece lo único seguro. La película, ambientada en 1989 (cuando Pablo Escobar tenía el poder de Colombia en sus manos), cuenta la historia de Sofía (Juanita Arias), una hermosa y joven chica de origen bastante humilde que coquetea con Camilo (Felipe Cortés) un chico filósofo -y pobre- y con Tony (Jean Paul Leroux) un tipo peligroso, pero con mucho dinero que le presenta una Cali desconocida para ella. Sofía se deslumbra de inmediato con los regalos que Tony le hace, el círculo en el que se mueve y el poder que destila. Todo parece ser un simple juego hasta que Sofía se topa con Don Fernando (Marlon Moreno), una suerte de capo de la mafia que la obnubila con lujos y sensualidad, haciendo que Sofía se olvide de sus dos pretendientes anteriores e involucrándola con un mundo bastante oscuro del cual no podrá salir tan fácilmente.

Amores peligrosos es la segunda entrega de una trilogía que plantea crear su Director bajo la premisa “la ambición destruye”. Trabajo que comenzó con El rey hace 10 años y que retoma con este film. El problema principal de la cinta radica en su puesta en escena. En comparación a series como Pablo Escobar o El capo, Amores peligrosos resulta un poco light al retratar todo el submundo de drogas, violencia y demás crímenes. A pesar de asumir el punto de vista de una chica inocente y su lenta degeneración por su ambición, su descenso a los infiernos pudo ser mucho más fuerte. Amores peligrosos ha podido desatar toda la violencia y crueldad de dicho mundo sin las amarras que la televisión impone, pero decide quedarse en una zona segura en su puesta en escena, haciéndola una película fácilmente digerible. A pesar de esto, el Director se esfuerza por sacar momentos cinematográficamente hablando interesantes (como la escena donde Sofía termina llena de la sangre de Tony mientras hacen el amor o la reiterativa presencia de las ratas al mejor estilo Los infiltrados o el plano fijo de varios minutos de la explosión). Lastimosamente, dichos destellos se diluyen con varios momentos que parecen sacados de cualquier dramático colombiano, como si su autor quisiera hacer una historia mitad cine, mitad televisión, dando como resultado un híbrido que no termina de estar del todo mal, pero tampoco trasciende como uno pudiese esperarlo, perdiendo de esta manera la enorme fuerza que tenía la premisa de la película.

Lo mejor: la hermosa Juanita Arias, más allá de su frescura y sensualidad, su espontaneidad le suma muchísimo a su caracterización. El tratamiento visual de las escenas eróticas. Los momentos que buscan ser ricos a nivel cinematográfico. La música.

Lo malo: su final poco creíble en puesta en escena. Los amantes de las series colombiana saldrán un poco decepcionados. Marlon Moreno está casi de adorno en la historia, pudiendo sacarse muchísimo más jugo de su personaje y la caracterización del mismo.

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