3 bellezas: el lado oscuro de la vanidad

Crédito de imágenes: Luis Bond
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Por Luis Bond / @luisbond009

Para nadie es un secreto que los venezolanos nos ufanamos de 4 cosas: el béisbol, las mujeres, nuestra camaradería y astucia. Poner en tela de juicio cualquiera de estas supuestas virtudes sería el equivalente a meterse con nuestros símbolos patrios.

Paradójicamente, desde hace bastante tiempo, dichas características pedían a gritos ser desmitificadas en la gran pantalla, un trabajo que exige una buena dosis de talento y valor. Carlos Caridad Montero (bloggero, director y guionista de cortometrajes y documentales) decidió afrontar esta labor con temple y explorar los recovecos oscuros de la vanidad que nos caracteriza como sociedad con 3 bellezas. Una película que viene a darnos la bofetada de realidad que desde hace rato nos hacía falta; una historia que se pasea entre la sátira, la parodia y el horror con una comodidad con la que ningún otro largometraje venezolano lo había hecho.

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La historia arranca contándonos la historia de Perla (Diana Peñalver), una ex reina de belleza y madre soltera de dos hermosas hijas y un niño: Carolina (Fabiola Arce), Estefania (Josette Vidal) y Salvador (Fabian Moreno). Desde muy temprana edad, Perla inculca a sus hijas los hábitos de una Miss (cómo caminar, qué cosas comer, cómo vestirse), cultivando en las pequeñas su obsesión por la superficialidad y olvidando por completo los valores familiares que deberían reinar en cualquier hogar.

Por si fuera poco, Perla ignora por completo a su hijo Salvador y menosprecia a Estefania, haciendo que la vida central de la familia gire en torno al culto de la belleza de Carolina, su hija predilecta. Gracias a esto, Perla alimenta -sin proponérselo- una rivalidad terrible entre hermanas, transformando su hogar en un campo de batalla y destrozando a su familia por completo.

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Decir que 3 bellezas es una película para desmontar el Miss Venezuela sería el equivalente a afirmar que La vida es bella es una historia acerca de los campos de concentración: quedarnos sólo en su primera capa de lectura sería mal interpretarla. La fuerza del largometraje de Carlos Caridad radica en su capacidad de utilizar un concurso de belleza como excusa para tocar otros tópicos que nos invaden como sociedad (el fanatismo, la superficialidad, el status, el qué dirán, la rivalidad, las familias disfuncionales, entre otros), dando como resultado un guión robusto que sin caer en lo moralista desnuda al espectador frente a sus propios demonios.

La obsesión de Perla (al vivir anclada en sus glorias las pasadas y proyectar en sus hijas sus frustraciones) nos recuerda la inocencia de la que muchas veces peca el venezolano y que se termina transformando en un perverso fanatismo que nos destruye. Gracias a esto, 3 bellezas entra en nuestra filmografía como una de las pocas películas incómodas -y valientes- que han intentado explicar nuestra idiosincracia.

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La cámara de Carlos Caridad se desplaza en cada escena con confianza, como si el set fuese una pasarela, sabiendo cuando dejar el horror para la imaginación y en que momento golpearnos de frente con él. Cada plano de 3 bellezas se burla de lo kitsch de los concursos de belleza y del venezolano con una perversa inteligencia… pero a diferencia de una flor de plástico -parafraseando a Perla-, no es perfecta. Su primer y segundo acto es casi impecable en guión y puesta en escena, pero hacia el final de la película el discurso pierde fuerza por desaciertos en la producción. A esto se suma -en efecto dominó- un desajuste en el tono de la narración que pasa de la sátira a la parodia (un riesgo que siempre se corre al hacer este tipo de comedia) y que termina restándole contundencia a su desenlace. A pesar de esto, el espíritu de la pieza se mantiene, haciendo que omitamos los errores de la puesta en escena y nos conectemos con el horror que nos propone su guión.

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3 bellezas es una historia que trasciende más allá de los concursos, es un acercamiento terrible a las obsesiones humanas y que nos hará salir de la sala de cine movidos, preguntándonos a nosotros mismos hasta dónde somos capaces de llegar por nuestros deseos. Carlos Caridad inaugura la cartelera venezolana por la puerta grande, abriendo el 2015 con un listón bien alto para nuestro cine. De las mejores películas de nuestra filmografía contemporánea y un recordatorio a los nuevos cineastas acerca de la importancia de no hacer un cine complaciente y de la responsabilidad que posee el artista al enfrentarse a los demonios que habitan en su sociedad.

Lo mejor: las actuaciones de las Diana Peñalver, Josette Vidal y Fabiola Arce. Las vueltas de tuerca en su guión. Sus diálogos y escenas rudas que dejarán al público horrorizado. La personalidad que destila la película en cada plano. Su humor y crítica social ácida e inteligente.

Lo malo: el trailer y el poster no le hacen justicia. A veces abusa de la música. Aunque el personaje de Salvador es secundario, darle un poco más de desarrollo hubiese sido interesante. Los problemas de producción en la puesta en escena del certamen de belleza.

A continuación vea el trailer:

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